ANÁLISIS DE CULTURA
De talante va la cosa

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura04-09-2013
Cantará hasta que Dios quiera. Como el que apura hasta el último respiro para darle rienda suelta a la vida. Plácido Domingo rinde tributo a Verdi, es el elegido para entonar una estética que sólo él, y quizás poco más, saben encarnar. Pero también ahonda en el triunfalismo de la cultura en España, el dramatismo no tiene color cuando lo que uno desea impera sobre todo lo demás, aunque venga acompañado de nombre de enfermedad. Con carácter de barítono entona las arias del compositor italiano. Incansable él, ya supera los 100 álbumes de ópera. Su vuelta supone un nuevo empuje a otro de nuestros activos como país, y esa es la cultura. Una rama sana que hay que cuidar si no se quiere ver quebrar. Pero que desgraciadamente, cada vez menos gente puede disfrutar. Es cuanto menos poco apaciguador escuchar al secretario de Estado de Cultura lo siguiente: una reflexión crítica sobre el IVA cultural. Está claro que dinero, lo que es dinero, hay poco. Y puestos a elegir, mejor mantener una sanidad pública y una educación decente (hasta ahora, por cierto, ni con dinero conseguida). Pero de ahí a que el Gobierno dedique tan poco espacio de su vida política diaria a aspectos como las exposiciones de arte, ópera, cine o ciencia es desalentador. El ejecutivo debe terminar de quitarse la sombra de la “zeja” del anterior Gobierno. No es cuestión de dar subvenciones millonarias para producciones poco rentables. Sino de premiar el proyecto del que lo trabaja. Se trata de impulsar lo que sabemos hacer bien fuera de España y ya de paso, desahogar un poco más al español medio, que de todas formas tendrá que esperar al aún lejano tiempo electoral para dejar de destriparse con impuestos. Plácido Domingo es nuestro Casillas de la ópera. La huella pictórica de Salvador Dalí ha logrado 700.000 visitantes en tres meses, por lo que no tiene nada que envidiar al fútbol. Pero visto que a las vacas aún les queda un poco para estar lozanas, el punto es para el más espabilado. Como es el caso del museo más emblemático de Francia, el Louvre, que para restaurar una de sus obras más señaladas, La Victoria de Samotracia (190 a.C), recurrirá al Crowdfunding. O sea, pedir a los internautas que ayuden económicamente para adecentar la preciada escultura. Financiación comunitaria lo llaman, pero a través de la red que tiene más tirón. Tomando ideas.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






