ANÁLISIS DE CULTURA
El patrón de los corruptos

Por Marta G. Bruno
1 min
Cultura10-07-2013
España. 1618. El duque de Lerma cae en la red pringosa de la corrupción, y sus tentáculos llegan al conde de Lemos y el marqués de Siete Iglesias. El hombre fuerte del reinado de Felipe III, el que conocía todo lo que ocurría en la Corte, sabía bien lo que era un “pelotazo urbanístico”: tráfico de influencias, malversación de fondos y soborno. La especulación inmobiliaria de entonces se enfocó en el traslado de la capital de España de Madrid a Valladolid. La lealtad con el monarca quedó quebrada. La única ambición de Don Francisco Gómez de Sandoval (1553-1625) era amasar la mayor cantidad de dinero posible. Cuando terminó de llenarse los bolsillos, consiguió que le nombraran cardenal y se retiró a sus tierras. Más astuto que un zorro, hizo evitar el peor juicio. Llegó a la Corte con más deudas que riquezas. Repartió cargos entre primos y hermanos. Se fue con la riqueza que muchos españoles siempre han deseado. Su ambición era enfermiza. ¿Les suena? Si bien el mal común que pudre nuestro país es la tónica desde la aprobación de la Constitución Española, podríamos cambiar las fechas y los personajes, pero la historia de fondo sería la misma. ¿Cómo se solucionó entonces esta bochornosa situación? Como es de costumbre, por la puerta de atrás. Dado que la historia se repite, más vale prevenir que curar y enseñar ya desde el colegio a lo que atenerse.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






