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ANÁLISIS DE ESPAÑA

La ikurriña

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España08-07-2013

Es el juego del gato y el ratón, por citar a los clásicos musicales de cualquier San Fermín. Lo de colar la ikurriña el día del chupinazo es ya casí otro 'momentico' de las fiestas. Ya Ansón la censuró de una portada de su "ABC verdadero" como Stalin borraba de sus fotos los recuerdos incómodos. Era el año 1988. TVE amagó con esconder el plano esta vez, pero el pegote era demasiado grande como para obviarlo con una conexión a plató, por poner un ejemplo. Para evitar la ikurriña las autoridades apelan a la seguridad. Alegan que se pone en riesgo si se introducen banderas de grandes dimensiones. Y establecidas las normas, comienza la partida. El año pasado la ikurriña sorteó el filtro y la colaron sacándola por la ventana de una casa que se prestó a la causa y que daba a la plaza, a este lado del cordón de seguridad. Hay formas más rudimentarias como la de ese líder batasuno Txelui Moreno que aún cree que un policía municipal es un blindado israelí y Pamplona las calles de una Jerusalén ocupada. Arengando a un nutrido grupo de simpatizantes quiso entrar en la plaza abarrotada de gente usando la ikurrina como ariete. Al final dos hombres escondidos tras una barba postiza, cable de tejado a tejado y en el momento justo la bandera en el centro de la imagen, en pleno tiro de cámara, ante la mirada de millones de personas. La ikurriña es la bandera oficial del País Vasco y por si sola no debería ofender a nadie. Teniendo en cuenta el pasado reciente, se puede caer en el consuelo de pensar que mientras sólo sea una disputa de banderas... Pero precisamente por ese pasado este juego tiene connotaciones demasiado sensibles como para considerarlo una simple gamberrada. Si se le da carácter de normalidad, al año que viene puede ser una bandera igual de grande en homenaje a los presos de ETA -de hecho todos los años hay-. Y ante eso ya sí que no se puede actuar como si no pasase nada. Quienes saben de dispositivos de seguridad afirman que es casi imposible impedirlo. ¿Registrar todas las casas?, ¿chupinazos a puerta cerrada?. Excesivo. Las preguntas quizá deberían ser otras. ¿Por qué no hubo un abucheo general de la gente en la plaza al gesto que por primera vez en la historia hizo retrasar el chupinazo? ¿Por qué tardó tanto en ser retirada la bandera? Un buen amigo argentino me dice que en su país se han cambiado los referentes. Que ahora los niños prefieren ser líderes de la barrabrava que ser Martín Palermo. Habría que preguntar en la plaza del ayuntamiento de Pamplona cuántos preferirían tirar el cohete desde el balcón o poder fardar entre la cuadrilla de haber sido aquel que sacó la bandera desde la azotea.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio