ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Egipto: protestas, júbilo, protestas, júbilo... peligro

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional08-07-2013
Egipto se ha acostumbrado a vivir en un proceso lleno de tensión. La ecuación es sencilla pero, a la vez, es tremendamente peligrosa: protestas-jubilo, protestas-júbilo... Sí, aunque después de las protestas viene el júbilo, este dura poco y no mucho tiempo después regresan las protestas. El problema es que cuando estas vuelven lo hacen de forma más violenta y con un grave riesgo de fractura política y social. Si no se ponen las bases para hallar una solución, pronto llegará el día en el que las protestas no den paso al júbilo y se conviertan en un enfrentamiento cruento y prolongado. Un análisis anterior, titulado La chispa prende en Egipto (diciembre de 2012) concluía diciendo que los Hermanos Musulmanes "deben gobernar para todos, no solo para quienes han confiado en ellos (...) deben hacerlo con el mayor consenso posible y sin dar la sensación de que quieren aprovecharse de la situación como, por ejemplo, elaborando leyes que solo benefician a unos pocos (...) si los Hermanos Musulmanes van por ese camino ahondarán en la fractura social, aumentarán la crispación, y, tarde o temprano, acabarán siendo derrocados, como le ocurrió a Mubarak". Pues bien, ese derrocamiento se produjo la semana pasada. Las políticas del Gobierno islamista, con ciertas dosis de sectarismo, y la profunda crisis económica que sufre el país han provocado el descontento y masivas protestas de parte de la población. Precisamente, la fractura social existente desencadenó enfrentamientos y disturbios que llevaron al Ejército a dar un golpe de Estado y a iniciar un proceso de transición. Desalojar por la fuerza al Gobierno egipcio, que era legítimo y fue elegido por una amplia mayoría en las urnas, es muy peligroso. Los Hermanos Musulmanes, pese a las protestas, siguen contando con un gran apoyo social, por lo que es muy alta la posibilidad de un aumento de los enfrentamientos entre sus partidarios y detractores. Además, la acción militar puede ser utilizada por los islamistas más radicales para defender a sus hermanos y emprender acciones armadas contra el nuevo Ejecutivo. Estas pueden llegar a desembocar en una guerra civil abierta o en cruentos atentados contra intereses gubernamentales o incluso contra la población civil. El futuro no pinta bien en Egipto. O todas las partes andan con pies de plomo, buscando un consenso y trabajando por el bien común, o la situación sociopolítica puede volverse insostenible y llena de dolor.
Seguir a @IsaacACalvo

Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






