SIN CONCESIONES
No hay dinero para balas

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión17-06-2013
Si un terremoto destruyese entera la ciudad de Santiago de Compostela, incluida su maravillosa catedral, sería una catástrofe mundial. Si una bomba cayese sobre Cáceres y asesinara a sus casi 100.000 habitantes, habría una indignación planetaria. Pero si esas cien mil personas mueren en un país semi lejano por una guerra civil, no pasa nada. Nada. Absolutamente nada. No es una suposición, es un dato tan real como la vida misma. Naciones Unidas estima que ya han muerto cerca de 100.000 personas en Siria por el enfrentamiento bélico entre las tropas militares de Bashar al-Assad y la insurgencia rebelde. Las víctimas del país árabe multiplican por cinco las del terremoto y tsunami de Japón en 2011 y por veinte las del atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Pero con Siria no pasa nada. Nada. Absolutamente nada. Cada mes matan a más de 5.000 personas sin que ningún país lo remedie. La ONU observa con detenimiento pero no actúa, mira pero no toca, protesta pero no hace nada para detener la masacre. Nadie se atreve a entrar en Siria, ni siquiera cuando los expertos detectan el uso de armas químicas para masacrar a los rebeldes. Estados Unidos prometió una reacción contundente si se confirmaban las lúgubres sospechas. Pero a la hora de la verdad no ha hecho nada porque Barack Obama carece de aliados y vislumbra más riesgos que soluciones. La Casa Blanca ha relegado su política internacional a la participación en grandes cumbres y poco más. El intervencionismo exterior de los Bush y de Clinton ha caído en el olvido por la crisis económica y el temor a las represalias de los islamistas. La captura y muerte de Osama bin Laden, sin imágenes del cadáver y sin demasiados detalles de la operación, son la mejor prueba de que la cautela ha superado al orgullo patrio. Estados Unidos tampoco tiene socios para imponer una solución en Siria. Ni socios diplomáticos ni socios militares. Las potencias europeas están más preocupadas de su economía que de los 100.000 muertos de Siria. La crisis es tan severa y dura tanto tiempo que la UE no puede permitirse ni una distracción. Bastante tiene con la recesión, con el paro y con los problemas bancarios. Europa no tiene dinero para guerras en este momento. Los recortes han llegado a todos los rincones de la administración pública y eso incluye el Ejército que supuestamente tiene que defendernos en caso de amenaza. Contaba hace unos meses un destacado mando militar que en los cuarteles españoles no tienen dinero ni para prácticas de tiro. Ni siquiera hay balas para los entrenamientos, así que mucho menos para una intervención internacional en Siria. A las penurias económicas hay que añadir otra circunstancia igual de trascendente: la división internacional. La consecuencia directa es que los muertos de Siria no le importan a nadie. Son insignificantes y prescindibles. Son víctimas asumibles porque su guerra apenas afecta a la vida de las grandes potencias. Causan horror pero nadie se solidariza con ellas. Nadie las escucha y nadie intenta salvarlas. Mientras tanto, cada día mueren unas 200 personas. Es como un atentado del 11-M cada mañana, pero al resto del mundo le debe de parecer poco. Nadie hace nada para poner fin a la guerra y acabar con semejante infierno.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






