ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Snowden: espiar, expiar...

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional17-06-2013
El debate sobre la seguridad y la privacidad se ha vuelto a abrir de forma contundente, y, además, cuenta con los elementos que tanto gustan a la opinión pública y tan poco a los gobiernos. Se trata de un espía arrepentido que revela detalles, que huye a tierras lejanas y que es una fuente dispuesta a seguir contando secretos como una curiosa forma de expiar sus presuntos remordimientos de conciencia mientras estaba al servicio de la CIA. La Administración de Estados Unidos aún seguía recordando las filtraciones del famoso Wikileaks y, zas, con el ex espía Edward Snowden le llega un nuevo quebradero de cabeza. En estos casos, las llamadas agencias de inteligencia se preocupan de los contenidos filtrados pero también de que se descubran detalles de cómo consiguen las informaciones. En líneas generales, la opinión pública se muestra muy sorprendida cuando se dan este tipo de casos. Sin embargo, la gente debería saber que los espías no son hermanitas de la caridad y que muchas veces obtienen datos de forma legal, pero otras lo hacen de manera alegal e incluso ilegalmente. Lo ideal es cumplir siempre con la ley, pero en ocasiones no es posible, bien sea por la burocracia, la inmediatez del momento o por necesidades especiales. Cada servicio de inteligencia trabaja para proteger a su país y a los intereses del Estado, y cuanto más poder e influencia se posea en el mundo, mayor trabajo se tiene que desarrollar. Habrá personas que conserven la imagen idealizada del espía de hace décadas, pero el mundo ha evolucionado y las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta fundamental, tanto para lo bueno como para lo malo. La gente debería ser consciente de que es posible analizar comunicaciones para fines estadísticos o comerciales (como ya ocurre) pero también por motivos de seguridad. El crimen organizado, los ciberdelincuentes y el terrorismo internacional emplean teléfonos móviles, correos electrónicos o redes sociales (donde, por cierto, hay personas que cuentan todos los detalles de sus vidas y, además, los ilustran con fotos). Con los avances tecnológicos, la seguridad y la privacidad cada vez van a estar más reñidos. Es posible que muchos de los que critican la falta de previsión de las autoridades cuando hay un atentado sean los que más defiendan la privacidad. Sin embargo, el espionaje ha logrado evitar ataques terroristas y, recientemente, las tan cuestionadas cámaras de seguridad fueron esenciales para detener a los asesinos del maratón de Boston. Los gobiernos, por tanto, deberán encontrar una fórmula que permita combinar ambos aspectos de la mejor manera posible. No es tarea fácil, porque, además, cuando se trata de defender al país y a sus intereses se quedarán con la seguridad, antes que con la privacidad.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






