ANÁLISIS DE CULTURA
¿Es la guerra? ¡Que se ponga!

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura15-05-2013
La mano maliciosa de la inteligencia artificial es como un caramelo al que ningún ingeniero puede resistirse. El desarrollo de la tecnología era el sueño de la generación de 2001. Odisea en el espacio. Unas pocas décadas después, no hemos encontrado seres extraños más allá de la Tierra y no viajamos en naves de manera habitual. Pero nuestra capacidad mental ha hecho que juguemos, a veces, con fuego. La tecnología da un revés a las leyes del sentido común con inventos como una impresora en tres dimensiones que echa más leña al fuego al posibilitar que, entre otras cosas, cualquiera pueda fabricarse un arma en casa, de plástico pero peligrosa porque pasa más que inadvertida para los detectores de metales. Pero como si de una novela de George Orwell se tratara, la inteligencia humana no sólo ha servido para experimentar con nosotros mismos hasta sobrepasar lo inmoral, sino que también se ha utilizado para controlar nuestras mentes. Gota a gota, los investigadores nos rocían los ojos con sus experimentos. No nos llevan a un cine donde se proyectan imágenes violentas con música clásica, pero sí tienen la total libertad para jugar con los sentimientos de los participantes. El ejemplo de ello está en la nueva tecnología de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), que es capaz de calibrar el humor del público y cambiar el argumento de una película. Los espectadores, conectados a sensores que detectan sus alteraciones subconscientes, se supone que deben ver la película con normalidad. Si estaban tensos, aparecía una escena más relajada. Los participantes estaban más bien incómodos, por lo que el final de la película se convirtió en un aburrimiento supino. ¿Y si el creador del landismo tuviera conocimiento de tal noticia? ¿cómo reaccionaria ante este tipo de cine, para el que el 3D se nos queda corto? Alfredo Landa siempre se volcó en cuerpo y alma para ofrecer lo mejor de sí mismo ante el público. No hacían falta ni sensores, ni gafas especiales. Desde la filmografía casposa de la época franquista hasta su papel como detective privado en El crack y su peculiar imitación, o un “quiero y no puedo” del American way of life, entre muchos otros papeles brillantes. Por suerte o por desgracia, las mentes prodigiosas son fuente de manipulaciones las pocas, éxitos casi todos. Las armas, si no se hacen con una impresora marciana, se fabricarán con sello Fagor. Si Miguel Gila levantara hoy el teléfono diría…¿Es la guerra? ¡Que se ponga!
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






