ANÁLISIS DE CULTURA
Se busca un Dalí

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura01-05-2013
A la izquierda española más radical le ha salido el tiro por la culata. Y no por los acontecimientos que están sucediendo en una cascada de fallos que se lo están poniendo más que fácil a la oposición. Que la entronización en Holanda haya salido perfecta no es sólo consecuencia del protocolo monárquico, sino que como bien dice el nuevo rey, llega en un tiempo de mucha vulnerabilidad, mientras en España el rey Juan Carlos deshoja la margarita pensando en su querido pueblo español. El plácido relevo holandés sería difícilmente imitado aquí, donde los cánticos son pan de cada día, algunos malsonantes, otros de desahogo, desesperados ante un país del que ya poco se puede esperar. Los Príncipes de Asturias han sido testigos del cambio, y lo más probable es que hayan tomado nota para lo que parece cada vez más cercano. Los trastos vuelan en España mientras el color naranja se luce con orgullo en Holanda y la luz al final del túnel empieza a brillar en Italia. Decía el ministro de Economía español en una entrevista que la situación española no es comparable a la italiana. El nuevo gobierno tenía ya en su hoja de ruta una tanda de medidas donde el crecimiento es compatible con el ajuste fiscal, un cuaderno en el que el drama de un ciudadano desesperado y en paro no ha influido para darle la vuelta a la situación. ¿Es razón suficiente que un Ejecutivo progresista haya dado un tortazo a las medidas de Rajoy con una bajada de impuestos y medidas de peso para que aquí le demos la vuelta a la situación? La respuesta es que sí. Nuestros relojes están tan derretidos como los de Salvador Dalí. ¿Qué diría el genio si viera que su país se parte en trozos? Quizás el mismo vacío que transmite La persistencia de la memoria. El pintor de enigmas debería seguir viviendo para ponerle cara a nuestra situación, ahora más que nunca, cuando el tiempo le ha dado toda la razón al trasfondo de su obra. “La guerra actual confirma, ante todo, la bancarrota de las revoluciones. En efecto, las utopías colectivistas, ateas o neopaganas, de comunismo y el nacional-socialismo, sea que se ayuden o se entredevoren, están destinadas finalmente a ser aniquiladas y vencidas (…) ninguna unidad de Europa podría ser más sólida, tenaz y amenazadora que la de su común angustia”. Salvador Dalí insistía en su particular obsesión por inculcar las ideas del Renacimiento y dejar atrás los cimientos trasnochados de la reacción o revolución. Es esa inteligencia sublime, que roza lo inhumano al ir más allá, la que hoy hace más falta que nunca, el surrealismo necesario para ver la realidad más desconcertante de este país desde otro punto de vista.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






