ANÁLISIS DE CULTURA
Del pueblo se aprende

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura17-04-2013
Viernes, 15 de la tarde. Miles de españoles salen de trabajar, algunos hastiados de la semana que cargan a sus espaldas. Otros dan gracias a Dios por tener un trabajo con el que llegar a fin de mes. El devenir de cada uno de ellos durante el fin de semana será distinto. Muchos de los señalados se verán en la “obligación” de quedarse en la ciudad, con más o menos salidas, pero dentro de la monotonía. Los más agraciados tendrán pueblo. Sí, sin complejos, pueden estar orgullosos de “tener pueblo”, aunque suene paleto. La que escribe este artículo tuvo la suerte de conocer por primera vez el pueblo de nacimiento de sus allegados. Allí los relojes siguen su curso, pero los problemas son distintos. A la ansiedad que me produjo no encontrar la prensa del día se unió más tarde la sorpresa de saber que más allá de las estadísticas, las trifulcas del día a día entre políticos y demás culebrones, los ciudadanos del pueblo son ajenos a todo aquello. Viven con menos, pero viven. Allí los amigos se miran a la cara mientras hablan en vez de mirar una pantalla. Los vecinos se saludan por la calle. Los forasteros éramos nosotros, y lo que en un principio parecía una desconfianza pese a las raíces, se convirtió en la generosidad, que sigue siendo la máxima de esos pueblos de España que hacen de este país un lugar especial. ¿Se aburren? No señores. Ellos también tienen sus propias batallas políticas. El alcalde como Rajoy, la oposición detrás como una mosca cojonera. El Bárcenas de turno, muchos saben que roba pero no dicen nada, es el ricachón del pueblo. La discreción no existe, lo que hagas o te pase se convertirá en la noticia del pueblo. Los rumores corren como la espuma, todos son periodistas, pero sin papel ni internet como medio. El boca a boca es el mejor vehículo. Estas escapadas denotan que la modernidad nos ha dejado los sentidos atrofiados, no nos damos cuenta de la naturaleza que nos aguarda a nuestro alrededor. Pero una realidad pesa como una losa para estos municipios perdidos del país. Casas abandonadas y medio derruidas. Una iglesia que cuenta con tesoros del siglo XVII: retablos en los que la humedad está dejando sus huellas. Vestiduras sacerdotales de más de 200 años de antigüedad detrás de una vitrina de cristal para las que no se pueden dar los cuidados adecuados. El argumento del párroco es sencillo: es la tercera iglesia de la zona a la cola en restauraciones. No hay dinero para los pequeños. Y allí el problema no estriba en perder en preferentes o en apuntarse al INEM. Allí es el tiempo y sus caprichos el que elige si comes o no.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






