SIN CONCESIONES
Monarquía o República

Por Pablo A. Iglesias
4 min
Opinión15-04-2013
La monarquía carece de sentido a estas alturas de la Historia. Aducen sus detractores que es una institución anacrónica y fuera de toda lógica en estos tiempos. Nadie entiende en pleno siglo XXI que una persona sea rey o reina por el mero hecho de nacer en una determinada familia. Atenta claramente contra el principio de igualdad entre ciudadanos y vulnera la propia concepción de la democracia, en la que el pueblo elige a sus representantes. La sangre azul era un signo distintivo hace siglos. Ahora, es una falacia que nadie se cree. Pero todos estos argumentos racionales y evidentes resultan insuficientes para tumbar a una institución con más de medio milenio de tradición en España. Estas mismas razones existían hace diez años y apenas cuatro gatos las refutaban. Cuando llegaba el 14 de abril, sólo unos pocos se movilizaban para festejar el aniversario de la instauración de la república. Hacían mucho ruido, obtenían sus 15 minutos de fama y a los pocos días nadie se acordaba de ellos. Esta vez han salido muchos más a la calle, pero tampoco demasiados. Todo ha cambiado en un año. El debate que una minoría alimentaba desde hace décadas ha calado al fin. No lo ha conseguido por el empeño de los republicanistas. No señor. No lo ha conseguido por un cambio generacional tras más de 35 años de democracia. Tampoco es así. El escepticismo lo ha suscitado la propia monarquía con dos episodios muy concretos: la cacería de elefantes del rey Juan Carlos en Botsuana y la investigación judicial contra su yerno Iñaki Urdangarín. La atalaya en la que la Corona vivía protegida social y mediáticamente se ha desmoronado como un castillo de naipes. Ahora está bajo sospecha y busca el remedio para recuperar la credibilidad perdida. Dentro de la Casa Real son perfectamente conscientes de la solución y están trabajando en ella. Pero no es fácil. Hay decisiones en las que ni siquiera sirve la mediación de un hijo. Sólo hay dos razones que justifican la monarquía en este tercer milenio. Una es sentimental y, por lo tanto, escapa a la mente. Procede del corazón y de una larga tradición asentada durante generaciones. La Corona forma parte del paisaje español como lo son nuestras playas y los Pirineos. El país no se entendería sin un rey, como nadie imaginaría los Estados Unidos sin la Casa Blanca. El segundo motivo es de utilidad y es el único que realmente alcanza la razón. Un rey es más provechoso que un presidente de república. Don Juan Carlos lo ha demostrado durante todo su mandato, incluso en fases tan oscuras como la actual. Aporta estabilidad al país, es el primer y mejor diplomático de España, acumula una dilatada experiencia, permanece al margen de criterios ideológicos y siempre responde al interés general. No quiero imaginar lo que sería de España con un presidente del PP y un primer ministro del PSOE, por poner un pequeño ejemplo. En estos tiempos de crisis económica, habría que añadir que la monarquía es más barata que la república. Pero todos estos argumentos racionales pierden el sentido cuando desaparece el más esencial. La Corona sólo sobrevivirá si es útil para los ciudadanos, si predica su vocación de servicio al país y si, ante todo, da ejemplo. Los millones de euros que Iñaki Urdangarín amasó con presuntos tratos de favor son una losa para la monarquía y cualquier institución. Los caprichos cinegéticos y femeninos del Rey son una gran mancha en su inmaculado currículum en favor de España. Basta un repaso rápido a la historia reciente para verificar que la república carece de sentido y no sólo por sus desastrosos antecedentes. Pero cada vez son más los que apuestan al menos por un referéndum que ratifique o ponga fin al trono de los Borbón. El ruido constante de los antimonárquicos ha surtido efecto en este sentido. También es cierto que desde el otro extremo apenas se ha hecho pedagogía, quizá porque muchos pensaron que el futuro de la Corona estaba garantizado para siempre. Grave error y equivocado exceso de confianza. La monarquía sólo sobrevivirá si demuestra su valor a las nuevas generaciones. Y eso sólo puede lograrlo el Príncipe.
Seguir a @PabloAIglesias

Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






