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ANÁLISIS DE ESPAÑA

¿Hay plan B?

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España08-04-2013

Los (presuntos) delincuentes siempre han sido los mejores colaboradores de la Justicia. Es una consecuencia casi inevitable que se repite desde siempre. Cuando se está con el agua al cuello sólo queda tirar de la manta. Ya sea una presunta contabilidad B o correos electrónicos personales. Al final todo acaba en los medios de comunicación que realmente es de lo que se trata. El objetivo es salvar la imagen, el patrimonio, buscar algún un trato de favor, colocar a jueces y fiscales entre la espada y la opinión pública, no comerse el marrón en solitario… En el fondo esa colaboración es una forma de chantaje en la que el investigado sólo tiene que lanzar su bomba y sentarse a esperar las ofertas. Los medios de comunicación son parte fundamental de este juego. Más que un cuarto poder o mecanismos de denuncia e investigación, acaban convertidos en un tablón de anuncios donde se publican las tarifas. Tanto sé, tanto vale mi silencio. El destinatario último es una sociedad que busca culpables porque no cuela eso de que los responsables de la crisis somos todos. Es cierto que en España demasiada gente ha jugado demasiado tiempo al negocio de convertir el agua en vino. Pero no es lo mismo aceptar una factura sin IVA que esconder millones en Suiza. Y en esta cremá en la que se ha convertido España, son muchas las instituciones en el punto de mira: La clase política, el Congreso, el mismo concepto de España y ahora la Corona. En condiciones normales, seguramente el debate se hubiese limitado a diferenciar entre personas honradas y personas corruptas. Pero el nivel de hartazgo es muy alto. También las esferas de poder sobre las que se vierten toda clase de sospechas. La calle empieza pidiendo una imputación, pero no le basta y luego pide una condena, pero tampoco le basta y acaba pidiendo una condena ejemplar. Al final de este proceso condenatorio ajeno al proceso judicial se mete todo el sistema en un mismo saco y se considera que nada vale. Entendiendo las razones de ese cabreo generalizado, incluso la necesidad de un cambio profundo, sería necesario detenerse un segundo y preguntarse si a día de hoy existe un plan B al sistema actual.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio