ROJO SOBRE GRIS
Creo en las cosas
Por Amalia Casado
2 min
Opinión11-04-2013
Me quedo con los objetos, con los objetos concretos, con éste, con éste exactamente que parece igual que aquel pero no es el mismo. El mío es éste. Éste huele a mi vida, a nuestra casa, a mis recuerdos. Lo toco y lo reconozco: éste es el mío. Éste es el nuestro. Lo abro y ahí está: es su letra. Es su firma. Es la tinta de su pluma. Es su asterisco. Es ésa la frase. Y es quizás la segunda frase que aprendí by heart en mi vida: “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Es ese libro y no otro. Es ese libro el mágico y lo reconocería entre cientos similares. Es ese libro en el que están cosidas tres señas de mi identidad, o cuatro o cien. Por ejemplo. Ponemos estrella delante de las frases, de las ideas, al escribir una carta de puño y letra. Ponemos estrellas como las que pinta Miró, ese artista que le gustaba a mi hermana desde antes de casi hablar. Miró nos fascinaba aunque no lo entendíamos. Parece que el arte, como la vida, tiene esas cosas tan maravillosas: hay que palpitar con él para comprender, que no es tanto entender y sí más bien amar. Es ese libro, precisamente ése, y distinguiría la letra de su dedicatoria entre la de los cientos y miles que aprendieron esa ciencia exacta llamada caligrafía, una lengua muerta salvada como arte por el amor de Steve Jobs a las cosas bonitas y a la belleza de las fuentes tipográficas. Es ése libro. Nunca he visto otro igual, así, tan turquesa, tan original, tan único e irrepetible, tan determinante de mí, de quien yo fui, de quien yo soy. Es ese libro, con su letra, con su firma, el que le regaló mi padre a mi madre cuando se hicieron novios, el que compró en una librería de la calle Arenal cuando estudiaba arquitectura en Madrid, cuando yo aún no existía, cuando aún no me querían.... -¿Cómo era aquello posible? ¿Yo no había existido siempre?-. Es ese libro concreto el que un día me mostró mi padre como algo importante y valioso, que contenía un gran secreto para siempre, y en cuyas páginas había algo de mi vida y de cómo yo había llegado hasta allí. Era un libro extraño, sobre un niño al que yo no entendía y con dibujos preciosos que no me gustaron aquella vez. Sus páginas estaban llenas de la magia que tienen todas las cosas que a lo largo de la vida te descubren quién eres, de dónde vienes, que tus padres se quieren y que, a pesar de no haber existido siempre ni siquiera en su mente o en su imaginación -una de las preguntas más curiosas de mi infancia- yo era importante, amada y única en el mundo. Todo es irrepetible. Todo es imprescindible. Todo es insustituible. Rojo sobre gris a los objetos: a cada objeto. Creo en las cosas, en cada cosa, en cada irrepetible.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






