ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Corea su nombre, quizá sea lo último que hagas

Por Isaac Á. Calvo
3 min
Internacional01-04-2013
Corea del Norte está tensando mucho la cuerda, más de lo que acostumbra a hacer. Las primeras decisiones de Kim Jong-un al heredar el poder de manos de su padre Kim jong-il (quien a su vez lo heredó de su padre Kim Il-sung) desvanecieron todas las esperanzas de la comunidad internacional. Nada cambiaba en la férrea y hermética dictadura comunista norcoreana, ni en las políticas internas ni en las externas. Sin embargo, con el paso de los meses, Kim Jong-un está demostrando una capacidad increíble para desafiar al mundo con pruebas nucleares, amenazas y con un odio terrible a Estados Unidos y Corea del Sur. Durante la semana pasada, los exabruptos de Kim fueron creciendo de una forma desproporcionada y tomando decisiones como apuntar hacia EE.UU. misiles con capacidad atómica, anunciando nuevos planes nucleares y diciendo que está en "estado de guerra" con Corea del Sur (algo que no es nuevo, ya que ambas Coreas están técnicamente en guerra desde el armisticio de 1953). Mientras tanto, la población norcoreana sufre unas condiciones de vida paupérrimas, con hambrunas periódicas, sin libertad y con miedo. Ya se sabe cómo se las gastan los regímenes comunistas con los que osan apartarse del pensamiento único oficial. Ya sea por temor o por adoctrinamiento, el pueblo muestra públicamente su apoyo a Kim Jong-un y este alardea de ello. Pues bien, que sigan coreando su nombre, porque quizá sea lo último que hagan y lo último que el joven dictador escuche si sigue con sus desafíos. Es posible que Kim peque de ese fervor propio de la juventud, pero entre los mandos del Ejército norcoreano tiene que haber algún veterano que le haga entrar en razón (si es posible) y decirle que en una guerra tiene todas las de perder, que se acabará la riqueza que posee el régimen y que morirá matando, pero morirá. A ver si, al menos, apelando a la pérdida de su elevado nivel de vida (que contrasta con la pobreza de sus súbditos) se consigue detener este incremento de la tensión bélica. Una hipotética guerra sería catastrófica (como todas) y se registrarían miles de víctimas, incluso sin usar armas atómicas. La capacidad militar de Corea del Norte es grande, pero si inicia los ataques tendría a la comunidad internacional en contra. Sería una enorme sorpresa que Rusia y China (que tradicionalmente han sido condescendientes con el régimen norcoreano) apoyaran oficialmente a Kim Jong-un en este caso, por lo que lo más probable es que se mantuvieran neutrales. Además, ante hostilidades prolongadas, habría que ver hasta qué punto aguantan los fieles soldados y habitantes norcoreanos antes de desertar y de huir hacia la frontera china o rusa. Por tanto, es mucho más conveniente para Kim Jong-un mantener el statu quo actual, en el que la comunidad internacional lleva años tolerando las subidas de tono y las amenazas norcoreanas (de tono medio), generalmente apaciguadas con ayudas humanitarias y con mínimos avances diplomáticos. Si Kim se empeña en tensar la cuerda, la acabará rompiendo y, como dice el refrán "quien rompe paga"...
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






