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SIN CONCESIONES

Las mentiras del PP

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión25-02-2013

La política es el arte de aparentar. Sólo así se ganan elecciones. Sólo así se obtienen triunfos en las urnas. Los ciudadanos suelen votar por impresiones, por filias y por fobias. Pocas veces, prácticamente casi nunca, escogen la papeleta con la cabeza, tras analizar los programas electorales y repasar la trayectoria de cada uno de los candidatos. El eslogan político suele ser más importante que la gestión. Una frase en plena jornada de reflexión decantó los comicios en 2004: "Merecemos un gobierno que no nos mienta". Una buena sonrisa y una ceja puntiaguda movilizaron y aglutinaron en 2008 a la mayoría de la izquierda. La imagen frívola de Zapatero frente a la seria de Rajoy resultó determinante en 2011 para que el Partido Popular consiguiera mayoría absoluta. Conclusión: "El medio es el mensaje". Marshall McLuhan lo resumió a la perfección. Los estudios a mediados del siglo XX de este visionario, que acuñó el término "aldea global", revolucionaron la política y los medios de comunicación. Más de medio siglo después, son muchos los que todavía no se han enterado. El caso Bárcenas es un gran ejemplo. La investigación sobre su gestión de las finanzas del PP apenas acaba de comenzar. Sin embargo, en la opinión pública ha calado la idea de que el extesorero pagaba sobresueldos con dinero negro a sus compañeros y aplicaba el quien parte y reparte se queda la mejor parte para adueñarse en Suiza de un generoso porcentaje del botín. No hay pruebas claras de estas prácticas. No existe ninguna evidencia, todavía. El juez investiga aún y tiene una larga tarea por delante. Pero los ciudadanos ya tienen conformada una opinión sobre Bárcenas e, incluso, sobre la condescendencia con la que Mariano Rajoy le trataba hasta hace muy poco. Por muy injusto que sea y por tremendamente grave que resulte, el juicio social siempre camina por delante de la Verdad. Bárcenas ya está condenado por el público, aunque sólo esté imputado en los tribunales y quede mucho para que le sienten ante un tribunal. Con la política sucede algo similar. La sentencia ciudadana se escribe siempre antes que la Verdad. La ideología, el trincherismo mediático y los prejuicios esconden la realidad y pisotean los pensamientos racionales. Mariano Rajoy ha perdido en apenas un año un altísimo porcentaje del respaldo social que obtuvo en las urnas. El ciudadano no piensa en si los recortes son necesarios, sólo piensa en su bolsillo. El ciudadano no repara en el fuerte descenso del déficit, sólo repara en su pérdida de poder adquisitivo. El ciudadano no atienda al superávit de la balanza comercial, sólo atiende al dinero que cobra cada mes, si es que no está en paro y no ha agotado la prestación por desempleo. El Gobierno se empeña en hablar de macroeconomía y grandes reformas cuando al españolito de a pie le importan poco. El juicio de valor hace tiempo que está conformado. Sumemos a este panorama que el Gobierno de Rajoy tiene un concepto casi bíblico de la Verdad. Debe de imaginar que la evidencia bajará del cielo antes de las próximas elecciones generales e iluminará con su resplandor a todos los españoles. Dicho de otro modo, confía en que la crisis desaparezca antes de 2015. Cree que los ciudadanos se darían cuenta así de que su gestión ha volteado la economía y premiarían en las urnas su labor. Olvida que el voto pocas veces es racional. Olvida también que el mayor capital de un político es su credibilidad y los españoles la están perdiendo en él. No es sólo por la economía. El caso Bárcenas la erosiona mucho más. El Partido Popular ha caído en multitud de mentiras y contradicciones. Aseguró haber despedido al extesorero en 2009, luego reconoció pagarle un sueldo como indemnización y resulta que, en realidad, estaba en nómina hasta el mes pasado. La corrupción es una fuente de desafección hacia la política. Pero las mentiras son la mecha de la indignación. El PP debería haber aprendido esta lección tras la guerra de Iraq en 2003 y el atentado del 11-M en 2004. Pero no lo ha hecho. Su credibilidad está bajo mínimos, aunque Rajoy bordase su intervención en el Debate sobre el estado de la Nación. Y su futuro depende de esa credibilidad. La política consiste en aparentar que uno tiene la Verdad pero... ¡ojo! Cuando dilapidas la confianza, ni siquiera te salva tener razón.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito