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SIN CONCESIONES

Salvo alguna cosa

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión11-02-2013

“Todo lo escrito en este artículo es verdad, salvo alguna cosa”. Si un periodista empezara así un texto, perdería de inmediato toda su credibilidad. Sería tanto como reconocer que algunos de los datos son falsos o, cuanto menos, dudosamente ciertos. Cuando aparecieron los papeles del extesorero del PP Luis Bárcenas, la cúpula del partido los negó tajantemente. Emprendió una campaña de descrédito contra el diario El País y contra cualquiera que reprodujera su contenido. “Todo es falso”, repetían sus dirigentes. Hasta que el presidente del Senado, Pío García-Escudero, admitió que el pago que aparecía a su nombre era cierto. Se correspondía con un crédito de cinco millones de pesetas que le concedió el PP para reformar su vivienda después de sufrir un atentado terrorista. Si aquella era cierta, ¿por qué debían ser falsas el resto de anotaciones? La pregunta era evidente, aunque enfadó profundamente a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, cuando los periodistas se la plantemos en rueda de prensa. Una semana después, fue el propio Mariano Rajoy quien dejó en ridículo el argumentario. “Todo es falso, salvo alguna cosa”. La frase de Rajoy ha provocado una alud de mofas, para mayor mosqueo de los propios dirigentes populares. El propio presidente del Gobierno y líder del PP ha desacreditado su propia tesis con la coletilla “salvo alguna cosa”. Su única salvación es el tsunami informativo, que provoca que un ridículo quede tapado en apenas 24 horas por otro nuevo episodio y éste, a su vez, por otro diferente, y éste por otro, y luego otro… Hace tres semanas nos escandalizábamos con los 22 millones de euros que Bárcenas tenía en Suiza. A las 48 horas conocimos los supuestos sobresueldos del PP en dinero negro, a partir de una aún más supuesta información de El Mundo que nunca ha sido confirmada a pesar de que su autor se paseó por el plató de varias cadenas de televisión presumiendo de tener documentos que demostraban su denuncia. Se trata de una prueba clara de que la clase política no es la única que atraviesa una crisis de ética, la periodística también sufre una enorme crisis de decencia. Diez días después fue el periódico de la competencia quien puso los papeles sobre la mesa. Y a partir de ahí comenzó otra espiral frenética de noticias que ha desembocado en el striptease financiero de Rajoy, con la publicación de sus declaraciones de la Renta de los últimos diez años. Podría decirse, utilizando su propia terminología, que los papeles desvelados por Rajoy prueban su inocencia, salvo alguna cosa. Cuesta entender las ilógicas variaciones de sueldo de un año para otro. Por lo tanto, todo parece correcto, salvo alguna cosa. No parece sensato que el salario del líder de la oposición se disparase, precisamente, cuando comenzó la crisis económica y el PP empezaba a apretarse el cinturón. Pero es aún más llamativo que como presidente del Gobierno gane menos de la mitad que cuando estaba en la oposición. Las declaraciones de Rajoy abren un debate inoportuno pero justo e interesante sobre las retribuciones que deberían tener los políticos. Si queremos sueldos buenos en I+D+i para retener a los investigadores españoles y para tener a los mejores médicos, sería razonable pagar convenientemente a nuestros políticos para que la gestión de las administraciones públicas estuvieran en manos de los más preparados y, además, para evitar conductas corruptas. Es bochornoso que el presidente del Gobierno de España gane 74.000 euros anuales, la mitad que el presidente autonómico de Cataluña y hasta un 25% menos que los alcaldes de Madrid y Barcelona. No hablemos ya del salario de un ministro, el alto cargo peor pagado de todo el país. Todo parece un despropósito, “salvo alguna cosa”. Pero “salvo alguna cosa” también podría parecer razonable. Así que, por una vez en la vida, este humilde y generalmente serio periodista recomienda tomar con cierta ligereza este artículo. Todo lo dicho es verídico. Pero entre ironías y sarcasmos, podría entenderse lo contrario. “O no”, que bromeaba antiguamente Rajoy. Ahora esa ironía gallega se resume en “salvo alguna cosa”. Pocas veces una frase refleja con tanta contundencia una forma de ser y una forma de pensar.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito