ANÁLISIS DE CULTURA
'El pisito' en 2013

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura23-01-2013
Quizás una de las películas españolas que mejor representa la realidad de este país en los años 50, y extrapolable a la actualidad sea El pisito. Marco Ferreri dirigió este largometraje basado en la novela de Rafael Azcona, que refleja lo difícil que era entonces vivir en un piso. “¡Es imposible encontrar un piso de menos de 3.000 pesetas!”, se quejaba el personaje de Mari Carrillo. Un drama neorrealista con toques de humor que muestra una época que hace una década se veía como lejana, triste y para olvidar. Como nuestra historia económica se basa en ciclos, entonces el país lograba salir como podía de la decadencia en la que estaba sumido. Petrita y Rodolfo no podían contraer matrimonio porque no tenían dinero para hacerse con una casa. ¿La solución? Casarse con su casera anciana y enferma para después poder quedarse con su piso cuando ésta falleciera. Así podría heredar el contrato de alquiler a bajo precio. Era la época de las ayudas sociales para favorecer el acceso a la vivienda, rentas fijadas desde los años 60 y que años después se convirtieron en todo un chollo para los inquilinos, pero no tanto para los propietarios de los inmuebles por las brutales diferencias de precio con el resto de viviendas del mercado. El drama de los desahucios y las palabras sensiblonas de la vicepresidenta del Gobierno le recordaron a una servidora la existencia de esta cinta. Al igual que obrase el ministro Arrese en 1959 con la puesta en marcha de los llamados planes de Urgencia Social y aquel “hacer a todo español propietario de una vivienda”, Sáenz de Santamaría “lloraba” que “las familias y los más pequeños se críen en un hogar que les haga sentir la cobertura de un Estado y un Gobierno”. La diferencia está en que entonces la idea era fomentar la propiedad privada a diestro y siniestro, mientras que hoy el Gobierno habla de “inversiones equivocadas” y apuesta por el alquiler, porque ya no se puede comprar. Es la “caridad” de la que habla la vicepresidenta la misma de los años 50, la misma con la que la ministra de vivienda María Antonia Trujillo pretendía “encasquetar” a los jóvenes pisos de 30 metros cuadrados. Sin dejar de lado propagandas como la famosa Keli finder, iniciativa que por aquel entonces costó 140.000 euros y pretendía que los jóvenes buscaran con más ahínco pisos con la producción de 10.000 zapatillas. Da lo mismo quién esté al mando de este país. España aún no ha encontrado el botón de encendido, tanto uno como otro partido siguen dando palos de ciego para fomentar la vivienda en un sector –el juvenil- que es líder en paro de toda la Unión Europea.
Seguir a @MartaGBruno

Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






