ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Secuestro: intervenir o pagar

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional21-01-2013
Los secuestros son acciones muy beneficiosas para las organizaciones que los cometen. Primero, porque se aseguran gran notoriedad y publicidad en los medios de comunicación durante días; segundo, porque tienen la posibilidad de obtener grandes cantidades de dinero o ventajas en especie que les permiten seguir desarrollando su actividad delictiva; y tercero porque generan enorme incertidumbre en la población y, sobre todo, en los gobiernos, que están en una situación contrarreloj. La semana pasada dos secuestros tuvieron su culminación y ambos demostraron la complejidad que envuelve a estas situaciones. En Mali, la operación para liberar a un soldado francés que llevaba años capturado por un grupo islamista fue un rotundo fracaso. El rehén y otros militares perdieron la vida durante el asalto desarrollado por tropas de elite. Llama la atención este desenlace, ya que las Fuerzas Armadas de Francia tienen fama de estar perfectamente preparadas y de ser meticulosas y efectivas. También fracasó el intento de rescate de las decenas de secuestrados por yihadistas en una planta de gas de Argelia. Numerosos rehenes y captores murieron durante la operación. En este caso, además, se da la circunstancia de que el recinto energético estaba gestionado por una empresa extranjera, por lo que hay víctimas de diferentes nacionalidades, entre ellos estadounidenses, británicos y franceses. Precisamente, la gestión argelina ha provocado las críticas de los ejecutivos de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, que se quejan de falta de información y que cuestionan la preparación de Argelia para resolver esta situación. Puede ser verdad, pero que nadie se engañe, los secuestros masivos requieren meses de preparación y una enorme logística por parte de los criminales, lo que complica aún más las opciones de rescate. Si algo similar hubiera ocurrido en Europa o en Estados Unidos tampoco se garantizaría el éxito de la misión, porque en este tipo de sucesos es casi imposible que no haya bajas entre los secuestrados o entre las Fuerzas de Seguridad. Surge el dilema de si es conveniente pagar a los secuestradores o atender alguna de sus pretensiones. Los estados siempre dicen que no negocian y, oficialmente, no lo hacen. Sin embargo sí ha habido casos de entrega de dinero o de cesiones a cambio de recuperar a los rehenes. Los críticos dicen que así se está financiando y dando argumentos a los criminales. Los defensores creen que de este modo se logran salvar vidas y que, tarde o temprano, la Justicia acaba llegando. En cualquier caso, como recuerdan los expertos en relaciones internacionales, los estados no tienen sentimientos, tienen intereses, por lo que todo depende de lo que más le convenga, en ese momento, a los mandatarios de turno.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






