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ANÁLISIS DE CULTURA

Hitchcock nunca ganó

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura16-01-2013

Hasta los propios directores lo critican. Los premios cinematográficos se han radicalizado en su ánimo distintivo y por lo tanto de exclusión hacia toda película que no haya desbordado las taquillas o el poder del marketing. Aunque no se cumpla siempre la regla de oro: Ben Affleck se llevó el mayor berrinche de su carrera al ver que Argo se había convertido en la gran ausente de los premios Oscar. El jurado del celuloide le dio una palmadita en la espalda al consolarle en la antesala del galardón del séptimo arte más importante. Mejor película dramática y mejor director para el que, si bien no se le puede calificar como un actor brillante, sí se puede reconocer que Argo merece un hueco en la historia de los Oscar. En España pasa un poco de lo mismo. Los Goya tienen ese “tufillo” a gala “para unos pocos”, en la que muchos siguen siendo los grandes olvidados. Jaume Balagueró es uno de ellos. El director se ha quedado en casa edición tras edición, sin nominación a la vista ni Goya que se le parezca. El padre de la trilogía Rec ya ha tenido ocasión de desahogarse en Twitter y despacharse a gusto y con ironía contra un olvido que afectó a Mientras duermes el año pasado. Por el mismo trauma han pasado Fin, de Jorge Torregrossa y Luces rojas, de Rodrigo Cortés, interpretada por Robert de Niro, Cilian Murphy y Sigourney Weaver. Y eso que en este país todo lo que huele a internacional, por eso de nuestro eterno complejo identitario, triunfa. Los misterios de la Academia del Cine no tienen cabida en la lógica humana. En Estados Unidos, Lincoln llegaba para arrasar, pero se desinfló en los Globos de Oro. A los Oscar llega orgulloso con 12 nominaciones, pero el director de Tiburón no debería confiarse. Con otra de sus “niñas bonitas”, El color púrpura, se fue vacío a casa en 1985, y eso que acumulaba 11 nominaciones. Algo juega a su favor. La película del decimosexto presidente de los Estados Unidos no es una mera cinta contemplativa, llega en un momento muy delicado para el país. Obama se enfrenta a una grave crisis, una situación que también le tocó sufrir a Abraham Lincoln pero que él logró atravesar con éxito, cuando a la espera está que el actual presidente consiga salir entero de ella. Algunos expertos están seguros incluso de que Obama va siguiendo sus huellas, y cierto es que el fin último del Lincoln de Spielberg va por esos derroteros y busca sacar partido de esta situación. La suerte está echada, y si no sólo queda conformarse: Alfred Hitchcock no tuvo la oportunidad de gozar del poder de la estatuilla, tampoco Stanley Kubrick ni Orson Welles. Y la historia posterior obliga a hacerse esta pregunta. ¿De verdad es necesario atravesar este trance?

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press