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SIN CONCESIONES

Convencer a quien no escucha

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión13-05-2013

"Apuesto a que eres español". "No, disculpa, soy catalán". Esta es la contestación que un periodista de la televisión autonómica de Cataluña soltó hace unas semanas al piloto alemán Sebastian Vettel cuando le preguntó por su equipo favorito para las semifinales de la Liga de Campeones. En vísperas del doble enfrentamiento hispano germano en la máxima competición europea de fútbol, una cuestión aparentemente inocente se transformó en una reivindicación de la nacionalidad catalana a miles de kilómetros de distancia de Barcelona. Pero lo que no esperaba el orgulloso informador era recibir una rotunda cura de humildad por parte del vigente campeón de la Fórmula 1. - Apuesto a que eres español- bromeó el alemán al escuchar la pregunta. - No, disculpa, soy catalán- replicó de forma seca el periodista. - Sí, sí, es una gran diferencia. Una gran diferencia. Es como ser un alemán o de Baviera- remachó Vettel con bastante sarcasmo mientras soltaba una carcajada. Fuera de las fronteras españolas la reclamación independentista de Cataluña suena tan utópica como ridícula. La Unión Europea lo ha dejado bien claro en los últimos meses, aunque Artur Mas se niega a escuchar las advertencias de Bruselas. Si rompe con España, también saldrá automáticamente de la alianza comunitaria. Cataluña quedaría fuera del euro, fuera del mercado único, fuera de la libre circulación sin fronteras, fuera de la Liga de fútbol y fuera de todos los demás privilegios que concede el club de las doce estrellas doradas. Pero la Generalitat mantiene su desafío y está dispuesta a acelerar su desarrollo para que al año que viene pueda celebrarse un referéndum soberanista. Tras la multitudinaria manifestación de la Diada el pasado mes de septiembre, muchos creyeron que las urnas se llenarían de votos por la separación. Pero la realidad fue que CiU perdió 12 escaños y 90.000 sufragios. Una sangría que no cambió la hoja de ruta trazada por Artur Mas y que en absoluto hizo reflexionar a los nacionalistas catalanes. Ni ven ni escuchan la realidad. No están ciegos ni sordos. Simplemente, caminan como los burros con orejeras. No hay argumentos convincentes para quien tiene cerrada la razón. No es fácil. No valen los silogismos. No sirven datos objetivos. Son inútiles los ejemplos de lo que pasaría si Cataluña lograse la independencia. Son absurdas las comparaciones con Bosnia, Croacia, Eslovaquia... Hay miles de razones que desmontan el soberanismo superficial levantado por la Generalitat como un castillo de naipes. Valdría un ligero soplido para que las cartas cayeran sobre la mesa y el farol independentista quedase al descubierto. Aparentemente sería muy sencillo, salvo por un problema. En realidad, es el gran problema. Es imposible convencer a quien no quiere escuchar, a quien no atiende a razones, a quien cierra los ojos a las evidencias, a quien está obcecado, a quien está enrocado en un empeño inalcanzable. Las utopías son utopías salvo para quienes las interiorizan como una verdad absoluta hasta engañarse a sí mismos. El último soplido de realidad para Artur Mas ha llegado ante sus ojos, en su propia tierra y delante de miles de catalanes. Otra vez la Fórmula 1, ese negocio multimillonario y globalizado, ha ridiculizado el orgullo nacionalista. El Circuito de Cataluña se abarrotó el domingo de banderas españolas para ver la victoria de un español que siempre exhibe su patriotismo. Fernando Alonso ganó la carrera y ondeó la bandera española por todo el circuito, mientras el público jaleaba al asturiano sin distinguir regiones internas ni absurdas disquisiciones políticas. El propio Artur Mas tuvo que entregar el premio al español y tuvo que escuchar el himno nacional junto al podio. Después, saludó al piloto y estrechó su mano con una sonrisa que emanaba satisfacción. La esquizofrenia de los políticos queda en evidencia con gestos como este, en los que la realidad desmonta en cuestión de segundos su chiringuito partidista. La naturalidad de un gesto dice más que todos sus discursos. Si no, ahí están Vettel, la Unión Europea, el Tribunal Constitucional, Fernando Alonso y una afición multitudinaria que combina con normalidad el doble sentimiento catalán y español. Lo malo es que ni todo esto abre los ojos a quien no quiere ver y no cambia la forma de pensar a quien hace tiempo que no abre su cabeza a la evidencia.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito