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ANÁLISIS DE CULTURA

Mentiras de ayer y hoy

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura3 min
Cultura19-12-2012

El público norteamericano va a poder conocer en profundidad la historia de España desde el siglo XVI al XIX. Goya, Velázquez, Rubens o Tiziano a ojos del estadounidense, desde el Siglo de Oro de nuestra cultura hasta la España moderna. Nunca viene mal dosificar un poco la imagen que damos al exterior, hasta el punto de salir en la prensa una y otra vez, con posición privilegiada en el New York Times, que nos saca los colores y dice que en España se lleva el trabajar gratis. Cierto o no, nuestra sociedad no vive una crisis económica, sino una carencia de valores preocupante. De ahí que nos aferremos a las teorías mayas y andemos sin rumbo por la vida, arrastrados por la fuerza de la demagogia. Las estanterías de las librerías están llenas de panfletos que alertan de la precaria situación en la que vivimos, que nos animan a salir a las calles en actitud de rebeldía contra el sistema, pero que tampoco llegan a una solución alternativa. La crisis de valores también salpica a los ciudadanos del otro lado del Atlántico: la política de las armas en Estados Unidos se pone en entredicho. Que los niños comiencen a llevar mochilas antibala supone entrar en una espiral de ridiculez humana que nosotros mismos hemos creado. Quizás tengamos que creer que nuestros antepasados eran más inteligentes. Y no me refiero sólo a los “hasta en la sopa” mayas, sino a curiosidades que aportan material para reflexionar como que los investigadores que están explorando el yacimiento de los guerreros de terracota no se atrevan a abrir la tumba del emperador por miedo a caer en una trampa mortal. Si es así, hay que reconocer que nos superaban en ingenio. O que en pleno siglo XXI nos metamos demasiado en el papel del protagonista de la película que vimos el día anterior. Ingenio que en los años 20 del siglo XX tenían más desarrollado para vender. Hace un tiempo que, buscando “chismes viejos” por las tiendas de Madrid la misma que escribe este análisis encontró varios periódicos antiguos. Uno de ellos, un ejemplar de Estampa del 24 de julio de 1928, despierta curiosidad por la ingenuidad que parece despertar en sus textos e imágenes, todo muy sobrio a la par que un modo de terapia placebo para mentes poco inquietas. Los anuncios en sus páginas centrales dan fe de cómo nos toman el pelo, antes y ahora. De los muchos que aparecen, con ilustraciones que merece la pena analizar, ungüentos varios para mejorar la apetencia sexual, crecepelos y chicles rellenos de bombones garapiñados (como lo leen). Pero lo que más llama la atención es su curiosa obsesión por ocultar las canas. “Regeneración del cabello, la más alta recompensa contra las canas”, “las canas envejecen, una fricción diaria de la incomparable agua de tocador que devolverá a su cabello el color de la juventud”. Han pasado más de 80 años, y Sanidad se ha visto en la obligación de usar las redes sociales para evitar que muchos incrédulos compren medicamentos ilegales por internet. El crecepelo. No tenemos remedio.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press