ROJO SOBRE GRIS
Vacíos cuando tú no estás

Por Amalia Casado
2 min
Opinión07-12-2012
Cuando tú no estás todo queda lejos. Todo pesa más. Todo es más difícil. Y el silencio grita tanto que hasta volvería a fumar. Qué sola me siento cuando no estás. Sólo me sale llorar un rato. Me asustan los vacíos, aunque no corro a llenarlos de lo que sea. Prefiero asomarme y sentir su voraz nada, el frío de su hueco, su sorda infinitud. Me asomo y me vacuno por un rato contra su incisiva presencia de ausencia. Luego me distraigo y el vacío se llena de cosas sin que me dé cuenta; de ideas, de ruidos, de esa entretenida imperfección que también es la vida. En el vacío se forma por dentro una costra de tristeza. Creo que por eso el vacío duele. Es hambre. Es hueco de otros y de nos-otros. Es como hueco de perfección, de que todo sea bueno, de que lo bueno sea verdad, y de que dure para siempre. Es hueco de personas, de que estén aquí y ahora. Es hueco de ganar, de que todo salga bien. Es hueco de felicidad, de no sufrimiento. El mundo es como un montón de vacíos que piden: ¡Algo! Y después gritan: ¡Más! El vacío es insaciable: al final pide TODO. Escuché a un amigo que hace poco nos decía: mires donde mires, todo en el universo lleva escrito "más allá". El vacío está hecho de esa pregunta tremenda e inagotable: ¿Más allá? ¿Pero hasta dónde? ¿Más allá? ¿Pero hasta quién? Qué bien. Es Adviento. La espera es un vacío que confía en la promesa de ser llenado. Alguien nos hizo la promesa de vivir para siempre. Yo espero. Yo quiero que sea así. Yo quiero que nazcamos a esa vida yo y los míos. Y todos. Y que no haya más vacíos nunca jamás.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






