ACHIQUE DE ESPACIOS
Cabezas locas

Por Nacho García Barco
2 min
Deportes05-05-2002
En medio del oleaje de este final de Liga, y tras el fragor de la batalla española en las semifinales de la Champions, la tele escupe algo inédito y, a la vez, vergonzoso: Djalminha, atorado en la sinrazón, le pega un cabezazo a su entrenador, Javier Irureta, en pleno entrenamiento del Deportivo. Después de un par de días inmersos en la búsqueda de un porqué a tan lamentable hecho y, tras escuchar a los dos protagonistas del suceso y al presidente Lendoiro, las conclusiones son contundentes. En A Coruña hay tres cabezas que en los últimos días se han vuelto rematadamente locas, sin remisión ni vuelta atrás. La primera es la del brasileño Djalminha. De él me quedaban pocas dudas de que todavía tuviera algo de cordura. Siempre ha caminado entre la magia que desprenden sus pies y las barbaridades que escupe su boca. Ahora, su pequeño cerebro se ha unido a la fiesta. No hay nada dentro de él, es un hombre plano. Le ha ganado, y por goleada, el animal que todos llevamos dentro, y, además, le ha dejado a la altura del betún. Hace tiempo descubrió que ni con su fútbol de altura era capaz de hacerse un hueco en el once titular de Irureta. Brillaba un día para nublarse diez, y ahora resulta que lo que tiene nublada es la cabeza. Sin arreglo ni solución. Luego aparece Lendoiro. Con esa sonrisa forzada, y como si todas las televisiones de su casa estuviesen estropeadas y no hubiese podido ver el gesto que nos ha avergonzado, no se le ocurre otra cosa al bueno de Augusto César que pedirle un informe a su entrenador sobre lo ocurrido. ¿Pero nos hemos vuelto locos, o qué? ¡Claro que lo habrá visto! Sólo se me ocurre pensar que ahí ha faltado valentía, valor, agallas para decir basta y poner de patitas en la calle al bueno de Djlama. Eso es lo que debería haber hecho el presidente. Pero es más fácil pedir informes que luego quedarán archivados en el olvido. Y al final llega Irureta, la víctima de este cisma. Actuó como un caballero, sin devolver el golpe, sin levantar la voz, dejando la solución en manos del club. …Y de repente a Jabo no se le ocurre otra cosa que convocar al jugador para el próximo partido. Para el vestuario ese gesto es un gesto cagón, que dice muy poco del técnico ante sus jugadores. ¿Ahora todos podrán hacer lo mismo, ya que no ha habido represalias? Si el dinero y la multa es el castigo, a los jugadores eso no les duele, porque el dinero les sobra. Con los caprichosos y maleducados hay que tener mano dura. De eso ha faltado en A Coruña, donde desde hace unos días habitan tres cabezas locas más.






