IMPRESIONES
Españolizar a los catalanes

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión15-10-2012
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, es inteligente, brillante y bravucón. Esas son, sin duda, cualidades notables en un buen tertuliano, pero está por ver que sean las más apropiadas para un ministro. Si tuviera que valorar sus declaraciones desde el punto de vista del debate –y he sido jurado en varios torneos- le pondría un sobresaliente. Ha sido brillante y contundente y ha desarmado con una sola frase toda la argumentación de sus rivales. La primera estocada fue afirmar que el Ejecutivo pretende “españolizar a los catalanes”; el remate, concluir así: “con el fin de que se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes”. Con la primera afirmación, compra el argumento del rival; con la segunda, desarma al rival al proponer algo aún más rico, plural y completo. Uno no puede pasarse 30 años diciendo que quiere catalanizar la educación y después ofenderse porque alguien responda que lo que él pretende es españolizarla. Y esto vale también para los terceros en liza: uno no puede permanecer callado mientras otros juegan a catalanizar la educación y luego escandalizarse porque otros pretendan españolizarla. O, mejor dicho, sí pueden hacerlo y, de hecho, lo hacen. Pero entonces se revelan bien como hipócritas o bien como incapaces de ver más allá de su propia ideología. Si la política fuera una tertulia o un debate universitario, Wert se llevaría todos los premios. El problema es que la política, que exige debate –mucho más y de más nivel que el que tenemos-, es más que debate. Por encima del debate está ordenar la convivencia. Y las declaraciones de Wert no ayudan a la convivencia. Más bien contribuyen a ahondar las grietas. ¿Por qué? Porque la respuesta de Wert es tan ideológica como la propuesta nacionalista. De hecho, su entrevista publicada por El Mundo este domingo resulta contradictoria. Al rato de sentirse orgulloso por querer “españolizar a los catalanes” sostiene que “la educación debe ser un territorio lo más alejado posible de la contienda política”. ¿Qué debemos entender por “contienda política”? ¿El debate que propone algunas ideas políticas distintas de las suyas? Desarmar intelectualmente un discurso ideológico, especialmente el provincianismo nacionalista, es tarea sencilla. No hace falta ser ministro para eso. Puede hacerlo cualquier universitario brillante con un poco de mundo. El problema es que quien está atrapado por una ideología no sabe ver más allá de ella. Las declaraciones de Wert, por su cariz ideológico, no pueden sino calentar a todos, reafirmándoles en lo que ya pensaban. Si la cuestión territorial tiene alguna solución pacífica, alguna posibilidad de lograr unidad y hermandad de fondo, una cosa es clara: esa solución pasará por romper con todos los presupuestos ideológicos.






