SIN CONCESIONES
Bodas de oro

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión11-10-2012
Se llaman Manuel y Encarnación. Los conocí el domingo y, probablemente, nunca los vuelva a ver. Pero ellos representan lo mejor del ser humano. Su historia resulta una lección magistral en estos tiempos de crisis económica, de crisis de valores, de crisis de unidad, de crisis de paciencia, y tantas otras crisis que son la verdadera causa de la crisis social actual. Con más de 70 años, Manuel y Encarnación son doctores en sacrificio, en comprensión, en entrega, en solidaridad, en perdón y tantas otras cualidades olvidadas con el nuevo milenio. Poseen muchas de las virtudes de las que carece el mundo en el que vivimos. El mayor mérito en su larga vida radica en algo cada vez menos frecuente: amor recíproco. Son la pareja del barrio porque acaban de cumplir 50 años de sagrado matrimonio. Festejan sus bodas de oro. Un hito que antes quedaba al alcance de pocos y que en un futuro cercano constituirá un milagro. Manuel y Encarnación compartieron el domingo su alegría con toda la familia, y no sólo la familia de sangre. Lo hicieron con toda la familia cristiana en mi antigua parroquia. Al verles, al oir hablar de ellos, percibí un antogonismo al modo de vida contemporáneo. El matrimonio es, ante todo, unidad. Es comprensión. Es compartir. Es renunciar a uno mismo. Y la España actual parece todo lo contrario. La unión territorial se resquebraja por la reivindicación independentista de Cataluña y la inminente radicalización del País Vasco. La comprensión pasó a la historia desde que los políticos enterraron el espíritu de la Transición y apostaron por el revanchismo como táctica. Nadie conjuga el verbo compartir en la pugna de la financiación autonómica. Lograr que alguien renuncie a uno mismo y a sus propios intereses resulta una quimera en esta época de egoismo, soberbia y caprichos. La conducta es similar en los poderes públicos, las empresas y las familias. Por eso muchas de éstas se rompen y jamás vuelven a unirse. Prima el yo frente al nosotros. Prevalece el individualismo sobre el colectivo. La crisis económica sólo se supera trabajando juntos, como los verdaderos matrimonios. Los esposos enamorados no se mienten ni se engañan, toman en pareja las decisiones complicadas, asumen unidas las adversidades, se sacrifican por el otro, aparcan los reproches, dialogan para resolver la discrepancia, practican el respeto... En la sociedad española, la realidad es distinta. La ciudadanía se siente engañada repetidamente por los políticos. Los recortes se imponen en administraciones y empresas sin apenas consultar. El separatismo crece alimentado por absurdos localismos. Los sacrificios se imponen al de abajo, en lugar de dar ejemplo desde arriba. El diálogo ha quedado reducido a una coartada, una fotografía con la que lavar la imagen o sacudir las conciencias después de los fracasos. Y el respeto... el respeto es el paréntesis que transcurre entre insulto e insulto. Si España fuera un matrimonio como el de Manuel y Encarnación, la crisis se acabaría con una charla de alcoba. Ambos renunciarían a caprichos innecesarios sin protestar, reducirían el presupuesto de la compra y se apretarían el cinturón aunque doliera la hebilla. Muchas familias sobreviven de esta manera a las dificultades actuales. La familia es el epicentro de la vida y el matrimonio es la piedra angular que la sustenta. El amor es su principal abono pero requiere un buen sustrato compuesto de comprensión, perdón, diálogo, paciencia y unidad. Quienes alcanzan 50 años casados saben que la tierra de la convivencia debe regarse todos los días con un poco de agua y limpiarse con frecuencia de malas hierbas e insectos. Un país mantiene cierto parecido con una planta o una relación de pareja. Sólo germina y sólo crece con cuidados diarios. No conviene olvidarlo: ni en la familia ni en el trabajo ni en la calle. Sobre todo si queremos celebrar en menos de dos décadas las bodas de oro de la España democrática.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






