¿Alguien quiere ser inmigrante?

Por Amalia Casado
4 min
España29-04-2002
El último barómetro del CIS desvelaba el incremento de la preocupación de los españoles por la inseguridad ciudadana y la inmigración, dos asuntos que, con acierto o sin él, vienen vinculados en los discursos del Gobierno y de muchos ciudadanos que perciben la inmigración como amenaza. Es un asunto conflictivo y difícil de desenredar. Ni todos los inmigrantes son bandidos ni se puede ignorar el choque cultural que puede producirse entre costumbres muy diferentes cuando, en la memoria colectiva de los españoles, no existe un referente de convivencia intercultural al que aferrarse como ejemplo de que es posible -o quizás no- la convivencia pacífica. Toledo está lejos. En cualquier caso, la posibilidad o no de que esa convivencia se produzca tiene sus costes y también la necesidad de poner las bases para sensibilizar en el respeto y para abordar un fenómeno, una realidad, cada vez más cerca de más y más españoles. Todo el debate queda anestesiado por los medios de comunicación mientras no se producen muertes en el estrecho o conflictos violentos y truculentos suficientes para acaparar las portadas de los periódicos y las secciones de sucesos. Sin embargo, ha resurgido después del resultado de las elecciones presidenciales en Francia, de la primera vuelta de ese proceso electoral que puso al ultraderechista Le Pen en la carrera por la Presidencia. Esta semana hacemos portada de ese tema aprovechando el Informe de Amnistía Internacional y la réplica del Gobierno a dicho informe. En él se acusaba al Gobierno de violar los derechos humanos de los inmigrantes en una serie de casos concretos que describía detalladamente. El Gobierno ha intentado clarificar algunos datos que considera inexactos. Pero la inmigración es una realidad poliédrica, tiene muchos rostros y no todos son negativos, pero tampoco todos son positivos. Tanto medios como políticos lo abordan con irresponsabilidad, sin profundizar en él, buscando rentabilidad electoral o frutos en las audiencias. Hay españoles que perciben la inmigración como un ataque a sus costumbres, a su seguridad, y esto provoca la generalización de tópicos y prejuicios muchas veces injustos. Pero también es cierto que el tipo de inmigración que recibe España es, en su mayoría, inmigración que huye de la penuria en sus países de origen; es verdad que la inmigración ilegal se ha incrementado en el último año, a pesar de la vigencia de una Ley de Extranjería que pretendía ponerle freno. ¿Quién se beneficia de la inmigración en malas condiciones? Los países emisores de inmigración, que se desprenden de población empobrecida. Los países receptores, que pueden contratar a trabajadores en condiciones lamentables y para ejecutar trabajos que ya no quiere nadie. ¿Es el problema de la inmigración el hecho de que haya en un país ciudadanos que han nacido en otros países? ¿Es el problema las diferencias culturales? ¿O la causa, además de la falta de costumbre de convivencia con culturas diferentes, la falta de solidaridad internacional, la irresponsabilidad de los gobernantes de países emisores de inmigración y la idea equivocada que los inmigrantes tienen de España como paraíso en el que resolverán sus problemas con sólo pisar territorio nacional, es el no poder controlar razonablemente y con responsabilidad solidaria el flujo de inmigrantes, porque las mafias actúan aprovechando las circunstancias? También esta semana se aborda el fenómeno de la inmigración desde las medidas concretas que la UE quiere tomar para sancionar a los países emisores de inmigración que no combatan las mafias que trafican con inmigrantes. Les ofrecemos, además, algunas ideas de un libro muy polémico de Giovanni Sartori sobre la posibilidad de que una sociedad plural pueda abrirse a nuevos miembros que no respeten sus pilares básicos. Aporta una interesante definición de tolerancia. En esta sociedad internacional interconectada, los vínculos internacionales entre bandas y grupos terroristas están a la orden del día. Lo que ocurre en el lugar más remoto del planeta tiene repercusiones mundiales, y la creación del Centro Nacional de Inteligencia, aprobada definitivamente la semana pasada, abre la posibilidad a colaboraciones con los servicios secretos estadounidenses contra el terrorismo. Y es que el terrorismo es otro fenómeno de incontables consecuencias biográficas, sociales y también económicas, y éstas las ha ponderado la OCDE: en el País Vasco, las acciones terroristas reducen en un 10 por ciento el Producto Interior Bruto por habitante vasco. Y, mientras se ultiman detalles sobre la futura soberanía de Gibraltar, se deja en suspenso la aprobación de la reforma de la Ley de incompatibilidades de políticos y altos cargos. ¿Estarán dispuestos los interesados en sacar adelante una ley que impida sacarle beneficio económico a los años dedicados a la política?
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






