Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Los niños del 'taper'

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad12-09-2012

Esta España nuestra que nos duele tanto a veces se entretiene con debates surrealistas. Con la que está cayendo, parce que la peor de las situaciones es cómo gestionar que un niño cuya familia no puede afrontar el pago del comedor del colegio vaya a clase con su tartera. Llamémoslo tartera, fiambrera o taper, que queda más fino. Hay quienes ponen peros y dicen que con esta nueva práctica los niños no seguirán una dieta adecuada, otros que se crearán guetos entre los pudientes y los menos, otros esconden el bulto cuando se trata de decidir qué personal se encargará de atender las necesidades de los taperkids y etcétera, etcétera. Si lo llevamos al terreno político, ya estaremos mandando a las mujeres a la cocina, pues en la mayoría de las ocasiones (no nos engañemos) recaerá sobre ellas la elaboración de las viandas de su prole para el día siguiente, con el consecuente tiempo añadido a su ya apretada agenda cotidiana. Si nos ponemos muy tontos seguramente iluminemos la conclusión de que los niños del taper serán una nueva generación de futuro inhóspito e indignante. Todo por comer recalentadas las siempre ricas lentejas que hizo la abuela el domingo, el pollo que cocinó mamá la víspera o esa ración improvisada de verduras en conserva a la vez que se hacía la cena del día anterior. Una, que lleva comiendo de taper alrededor de una década y que anteriormente, durante un lustro, se sentó a la mesa a las muy europeas y atípicas 12 del mediodía para comer y así llegar a tiempo a la universidad, no está traumatizada por la experiencia taper. Al contrario: el taper exige constancia, imaginación y creatividad. Algo que puede venir muy bien a muchos niños de hoy en día que no soportan la idea de ver un animal sin despiezar porque creen que el filete llegó de la mano de Harry Potter a su plato, que consideran que todas las vajillas son de usar y tirar y que el dinero cae de los árboles. El debate que ha surgido en torno a los niños del taper es uno más de esos que sólo sirven para marear la perdiz. La medida, aunque discutible en la letra pequeña, puede ayudar a muchas familias a ahorrar unos euros para llegar a final de mes. Y a los niños a conocer otra serie de valores que les ayudarán a madurar. Pero además de esta propuesta habría que sumar otras tantas: desde las macrofiestas infantiles de cumpleaños ideadas por los progenitores, los premios por aprobar impulsados por los padres o la ropa de marca con la que muchos adultos consienten vestir a sus hijos cuando éstos se lo piden. Y no hablemos de la concesión de permiso (y el correspondiente dinero) para adquirir un aparatito de última generación como el del amiguito de turno. Viendo ciertas cosas habría que plantearse que todos pasásemos un test antes de ser padres. A más de uno le quitaban todos los puntos del carnet, como hace la DGT con los infractores de tráfico.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo