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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

El abismo de la victoria

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional10-09-2012

Sucede en muchos deportes como, por ejemplo, el tenis. Cuando el jugador va a ganar el partido comete errores no forzados que le impiden alcanzar la gloria. Este hecho, en ocasiones, da esperanzas al rival, que se acaba imponiendo de manera sorprendente. En la política, aunque parezca mentira, también se dan casos similares. No hay que irse muy atrás en el tiempo para verlo. Ha sucedido entre el Gobierno de España y la banda terrorista ETA y está a punto de pasar en Colombia con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tanto ETA como las FARC han permanecido décadas cometiendo crímenes, pero ambas estaban siendo derrotadas por el estado de derecho y las Fuerzas de Seguridad. Sin embargo, en los dos casos, parece que los gobiernos sienten el abismo de la victoria y prefieren buscar una solución dialogada antes que dar el paso definitivo. Se olvidan de que esta posición ya fracasó en anteriores ocasiones y que para lo único que sirvió fue para dar vida al enemigo, que siguió provocando muerte y dolor. En este tipo de conflictos tan enraizados y que duran tantísimos años, solo hay que aceptar pactos cuando se va perdiendo o, como mucho, cuando hay un empate de fuerzas. En Colombia, las FARC tuvieron gran poder e influencia y pusieron en jaque al Estado en varias ocasiones. Sin embargo, la brillante acción del Ejército colombiano y la firme voluntad del ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010) lograron reducir considerablemente la actividad criminal de las FARC. Pese a ello, el actual presidente del país, Juan Manuel Santos (que fue ministro con Uribe), ha decidido abrir el diálogo con la narco-guerrilla. En toda negociación, debe haber algún tipo de concesión por ambas partes. Sin embargo, los grupos criminales suelen querer obtener mucho a cambio de dar poco. Dado el escenario actual, el Gobierno colombiano debería ceder lo mínimo imprescindible y hacer ver a las FARC que esta puede ser su última oportunidad para tener un final digno. Aunque el diálogo avance (ojalá sea un éxito), el presidente Santos tiene que ser cauto, mantener la presión y estar alerta, porque en cualquier momento puede romperse el proceso. Cuando esto ocurre, al que, generalmente, se le queda cara de pánfilo es al Gobierno, por algo será...

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD