ROJO SOBRE GRIS
El día siguiente a ese día

Por Amalia Casado
3 min
Opinión31-07-2012
Me pregunto: El día siguiente a ese día... ¿qué será lo primero que sientas al despertar? ¿En qué se puede creer ese día después de que se muera alguien querido; ese día después de ser liberado de un secuestro; ese día en que se vuelve a sano a casa de un hospital? ¿Cómo se vive ese día después de que algo grande e importante vuelve, o empieza a faltar para siempre? ¿Cómo se verá el sol, una ducha, un álbum de fotos, un trozo de pan? ¿Qué será un amigo el día después? ¿Cómo se llora, cómo se ríe, cómo se sueña ese día después? ¿Cómo se da las gracias y qué se pide....? Todos vamos al mismo lugar y en cierto sentido compartimos un destino. Esta aparente ridícula idea me ha dado mucha paz durante este curso que termina para quitarme preocupaciones de esas que a veces me bloquean, expectativas que temes no cumplir, miedo a perder, a no llegar, a no tener...; miedo a no ser querido, a ser menos, a no poder ayudar suficiente; miedo a que las personas a las que quieres sufran y miedo a sufrir. Hay que huir del miedo. Se lo escuché a un amigo. Era una recomendación para triunfar, y me sentí interpelada. Yo quiero triunfar en la vida, y huyo del miedo aceptando cada pequeñez que me atemoriza después de reconocerla y llamarla por su nombre. Tengo miedos. Y muchos. También tengo un secreto. Lloro en misa. Creo que este curso he llorado más que nunca. A veces me ha dado hasta un poco de vergüenza, pero por otro lado también me he dado cuenta de que es un regalo experimentar que la misa no es algo a lo que voy por cumplir y donde no pasa nada, sino que verdaderamente es un momento en que lo que ahí sucede me transforma y me hace mejor si lo pido y me dejo. Lloro cuando experimento eso. Entonces salgo de la iglesia sintiendo que así es como quiero vivir el día siguiente a cualquier día de esos que se lleva el sentido a un lugar al que tú no puedes ir. Y que tengo un tesoro mucho más grande, fuerte e invencible que todos mis miedos. No sé por qué ando confesando estas cosas aquí y así. Quizás porque vivo en un país de libertad donde no me van a perseguir ni a matar ni a escupir por lo que pienso o siento. Quizás porque me creo con derecho a rectificar mi historia y a evolucionar si lo creo necesario. Y, quizás porque no puedo escribir una columna que pretende tratar sobre las cosas importantes tantas veces pequeñas e invisibles por las que merece la pena vivir sin que lo que yo misma experimento en mi propia vida se me quede dentro y se me pudra. Rojo sobre gris al descanso de verano: rectificar y reconciliarse, amar hasta el extremo y estar en tu sitio -en el que te corresponde-. Esas me han dicho que son las claves de un descanso verdadero. A por ello.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






