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SIN CONCESIONES

Un museo de ballenas

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión30-07-2012

Salgo de España por vacaciones y aterrizo en un pequeño pueblo de Portugal. No tiene nada, salvo cuestas empinadas y una hermosa costa regalo del mar. Pocas calles y escasos negocios. Su mayor atractivo resulta una piscina seminatural junto al puerto. Sin embargo, un gran edificio llama poderosamente la atención. Enorme en dimensiones y moderno en infraestructuras, acoge en su interior un museo sobre la antigua caza de ballenas en la región. Lo cuenta con todo lujo de detalles, incluidas dos películas en 3D, un par de réplicas de cetáceos a escala real y un simulador de inmersión submarina. Con la entrada prestan una audioguía que se activa automáticamente al acceder a cada sala y traduce al idioma correspondiente la explicación. Muchos medios tecnológicos pero pocos visitantes, menos de una decena. Así que, al salir, surge la pregunta clave en estos tiempos de crisis: ¿esto quién lo paga? Una placa aporta la respuesta. El museo se construyó con fondos europeos. No es un caso único en Portugal. Los pueblos y ciudades de España están repletos de edificios con la bandera azul y las doce estrellas doradas. Ahora que la UE aprieta y ahora que exige reducir el déficit público, conviene recordar quién ha pagado durante años muchas las grandes obras de nuestros países. La crisis ha convertido a Europa en la mala repentina de la película y ha dibujado nariz de bruja despiadada a la austera Angela Merkel. Hablamos de la canciller alemana como si quisiera comerse a los niños cuando, en realidad, pretende purgarlos del empacho de azúcar y grasas saturadas al que estuvieron sometidos cuando creíamos vivir en abundancia. En esta nueva era de dietas económicas, todo son reproches y malas caras hacia Europa. ¿Quién recuerda los tiempos en que Alemania ayudaba a pagar a escote la factura comunitaria? Nadie se acuerda a estas alturas de los fondos europeos que sufragaron muchas carreteras españolas. Nadie se quejaba de la UE cuando el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) subvencionaba construcciones rurales o cuando ayudaba a emprender pequeños negocios. Tampoco cuando el Fondo Social Europeo (FSE) soportaba económicamente iniciativas a favor de colectivos de mujeres, discapacitados, jóvenes, etc. No había rastro de protestas cuando el dinero que nos regalaban desde Bruselas servía para levantar auditorios, polideportivos y aeropuertos en nuestras ciudades. Ni un grito en contra cuando esos billetes pagaban la construcción del tren de AVE. Y no olvidemos las ayudas agrícolas... Resulta que en el mismo país donde se critica el subsidio del PER que cobran muchos jornaleros andaluces hemos estado recibiendo durante años una especie de PER multimillonario pero a la europea sin que nadie lo cuestionara. Pocos tienen presente en este nuevo periodo de ahorro y sobriedad que los fondos europeos han aportado a España casi 143.000 millones de euros desde 1994. Así lo reconoce un informe oficial del Ministerio de Economía y Hacienda elaborado durante el mandato de Zapatero. Es muchísimo dinero repartido entre los fondos de cohesión y los fondos estructurales. El detalle de las inversiones abre los ojos al más ciego. Valga como ejemplo que la mitad del coste de la línea férrea de AVE entre Madrid y Barcelona se pagó con euros procedentes de Bruselas. Nada más y nada menos que unos 7.000 millones que a España le salieron gratis. Con ese dinero se crearon multitud de puestos de trabajo. El tramo del AVE entre Madrid y Galicia pendiente de construcción también recibirá subvención europea. Sólo en Fondos Estructurales para mejorar las infraestructuras y los recursos de nuestras regiones llevamos más de 118.000 millones. El balance es inapelable pero aquí sólo queremos ser europeos para recibir, no para pagar y mucho menos para recibir órdenes de recortes. Regreso de la estancia portuguesa y casualmente encuentro en ABC un breve artículo sobre el reciente dispendio del país vecino. En mi morada estival acumulan una deuda del 136 por ciento del PIB, equivalente a lo que generan durante 15 meses. Además, el Estado descubrió recientemente un agujero oculto de más de mil millones de euros. Gastaron cientos de millones en carreteras, túneles y comunicaciones que realmente necesitaban pero no se podían permitir. En España aún lo hicimos peor con autopistas radiales en Madrid que casi nadie utiliza y con aeropuertos como el de Castellón todavía por estrenar. En Portugal llevan más de año y medio con el impuesto del IVA al 23% para pagar el salvavidas europeo que le lanzó la UE en forma de rescate. En España, pasaremos del 18% al 21% a partir del 1 de septiembre, que resulta casi lo mismo pero 21 meses después. La opulencia siempre depara malas consecuencias y ahora estamos pagando la factura. Nos quejamos con mucha convicción pero poca razón sin acordarnos de lo que recibimos y malgastamos cuando las cosas iban mejor. Termino de leer ese artículo sobre Portugal y vuelve a mi cabeza la imagen del museo de ballenas. Era precioso pero nada rentable. Así que acabo con la sensación de que hemos desaprovechado las ayudas repartidas por la UE. Algunas se despilfarraron. Otras no las apreciamos. Son miles de millones en la última década, hasta seis veces más de los que regala cada Navidad el sorteo especial de la Lotería Nacional. Sin embargo, por esa suerte sí nos pasamos todo el año soñando con pillar un pellizco.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito