CREAR EN UNO MISMO
La canción del verano

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión01-08-2012
Cada verano tiene su canción de moda. Ese tema exterior de letra más o menos pegadiza y superficial que hay que saber bailar y tatarear si uno quiere estar a la última. Pero cada verano tiene, también, su canción de siempre. Ese tema interior que nos repetimos constantemente sobre el descanso y la renovación añorada en estas fechas. Este artículo va de esa segunda canción, de ese tema interior en cuya armonía nos jugamos nuestra propia vida. Seguramente el tema central de nuestra canción del verano tiene que ver con cerrar asuntos pendientes, dedicarnos a lo que nos gusta, elegir el lugar adecuado, hacer deporte, comer sano, evitar el estrés, leer, estudiar, visualizar y planificar el futuro pensando en grande, escribir, compartir tiempo de calidad con las personas que nos importan, conectar con nuestros valores más profundos, celebrar muchas cosas en el ruido familiar, buscar silencios donde encontrarnos a nosotros mismos… El peligro del verano no suele estar en no identificar el tema que nos toca. Nos lo sabemos de memoria. Todas las cosas del párrafo anterior me las digo a menudo, y las escucho con ilusión en boca de mis amigos. El peligro suele estar en confundir descansar con no hacer nada o con hacer todo lo que quiero. En ambos casos, el resultado no suele ser el esperado. Las vacaciones son para descansar, pero descansar no es parar. Lastramos todavía en nuestro imaginario la idea del mundo como máquina, de la persona como máquina; y, ciertamente, las máquinas descansan cuando paran. Pero no somos máquinas. Tampoco descansamos al acumular experiencias pendientes que no pudimos vivir durante el resto del año. Eso sólo cambia un estrés por otro. Nuestro descanso –dicen los que saben- está en movernos con el ritmo adecuado, en el sentido adecuado, en el lugar adecuado. Nuestro descanso consiste en hacer cosas, pero en hacerlas de determinada manera. Necesitamos encontrar el ritmo, el sentido o el lugar para interpretar adecuadamente nuestro tema, para bailar nuestra canción del verano, para encontrar la armonía que nos renueva y nos hace crecer desde dentro. En esa clave, escuchaba a un buen amigo decir el otro día que, para él, descansar consiste en cerrar –aunque sea temporalmente- asuntos pendientes, dedicarse al amor primero y estar en el lugar adecuado. Creo que son buenos criterios para encontrar el tempo adecuado desde el que protagonizar nuestra propia canción del verano.






