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ANÁLISIS DE CULTURA

La conservación de nuestros tesoros

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura11-07-2012

El relato del robo del códice calixtino de la catedral de Santiago es casi de película. Como si se tratara del Robobo de la jojoya, de Martes y 13, o de una españolada sesentera. Un electricista que campa a sus anchas por la iglesia, que posee las llaves, que se lleva el dinero del cepillo y el manuscrito iluminado del siglo XII acaba en su maletero. Y el hallazgo de ¡una maleta con 600.000 euros! del detenido ha sido la gota que colma el vaso. Una explicación de lo que significa conservar una reliquia de tales características anticipa lo que el códice ha podido sufrir en los últimos meses: por las condiciones de su papel necesita una temperatura estable en torno a los 18 grados y una humedad en el ambiente del 30 por ciento, además de una exposición a la luz muy controlada. Lo más lógico es pensar que el electricista no se preocupara demasiado ni en mantener estos cuidados ni mucho menos usar guantes para manipular el códice. ¿Por qué se vigila con esmero las obras del Museo del Prado, por poner un ejemplo, y no reliquias del Patrimonio histórico-artístico de esta envergadura? en un momento en el que España está en los primeros puestos en el ranking mundial del turismo, sería una buena idea trazar las bases necesarias para que este tipo de cosas no ocurran más. Aunque es importante recordar que en este caso se trataba de un hombre de confianza de la catedral. Es como si uno se da cuenta de que le faltan pertenencias y dinero, hasta que descubre que fue el jardinero, al que se le confiaban las llaves de la casa, el que le robó. La cuestión de confianza queda apartada cuando de tesoros del siglo XII se trata. Aprendidos los errores, otros se han puesto las pilas para evitar más deslices. El Obispado de Gerona, por ejemplo, ha elaborado un inventario detallado de sus bienes. Se conoce el caso del códice calixtino, pero en las iglesias de esta región han desaparecido este año dos campanas en Riells y Breda, una imagen de Santa Maria de Creixell en Borrassà, tallas policromadas en Llambilles, una talla de madera de la Mare de Déu Roser más dos imágenes de Figueres. El patrimonio eclesiástico español cuenta con 100.000 inmuebles. Y faltan medios e inversión para protegerlos y evitar que no solo ciudadanos como el electricista, sino bandas organizadas se lleven imágenes, campanas o incluso cepillos. Los saqueos se cuentan desde siempre, el robo del códice no es nuevo. Ahora, ¿no se podría avanzar para cortar la sangría?

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press