Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Lorca, por ejemplo

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad16-05-2012

Practicar la empatía implica ponerse en el lugar del otro, aunque no guste y aunque cueste. Demasiadas pocas veces el periodismo se interesa por su auténtica razón de ser: las personas. Defender las causas de otro como si fuesen las propias es una tarea prácticamente imposible. Dentro y fuera de las redacciones pocos perseveran en su constancia por mejorar el mundo, de ayudar sin nada a cambio, de renunciar al bien personal para que otros prosperen de su desgracia. Sólo hay que intentarlo. Sólo hay que querer hacerlo. Sólo hay que trabajar en ello. Con la gente de Lorca, por ejemplo. Hace un año la localidad murciana sufrió un terremoto del que aún no se ha recuperado. Se detuvo la campaña electoral y se hicieron promesas. Muchas promesas se escucharon en medio del dolor por el desastre. Pero pasó el tiempo y llegó el olvido. Y el hastío y la desesperación. Por eso es necesaria la empatía. Para que la sociedad española se haga las preguntas para las que los lorquinos no tienen respuesta. Sólo encuentran vacío, abandono e indiferencia. Y si se hubiese cuarteado la casa familiar y en los mismos pocos segundos hubiesen quedado malheridos los cimientos del edificio contiguo y el colegio de los críos. Y si en la misma atacada una pared hubiese aplastado nuestro coche, que estaba aparcado en la calle, como todos los días. Y si la oficina fuese un lugar inseguro para trabajar en plena crisis. Y si hubiésemos tenido que dormir al raso y hubiese continuado en pie la obligación de pagar una hipoteca por lo que ayer era un futuro de ilusión y hoy un puñado de cascotes. Y si hubiesen quedado secuelas por las muertes y los daños físicos, y si el alma se enfermase. Y si los jóvenes no encontrasen trabajo y tuviesen que marcharse fuera. Y si apareciese el pillaje y la inseguridad. Y si esos monumentos históricos que iluminan la identidad quedasen en una escombrera. Sólo de pensarlo, así, de forma fugaz, el corazón se achica. Y eso que Lorca y el sufrimiento de sus gentes es sólo un ejemplo.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo