ANÁLISIS DE ESPAÑA
15M, año I

Por Alejandro Requeijo
4 min
España14-05-2012
"El 15M está muerto". Esta frase pronunciada por muchos ya ha pasado a engordar la lista de sentencias desafortunadas. Como hace un año, volvió a tomar la plaza de manera pacífica y desafiando -como habían anunciado- el límite horario impuesto por la Delegación de Gobierno. En este punto, todos han estado en su lugar. No era lógico que el PP en la oposición criticase al Gobierno socialista una demasiada permisividad con los indignados y ahora ellos en el poder les diesen carta blanca. Pese a ello, la Policía no procedió a desalojar una Puerta del Sol abarrotada de personas de toda edad y condición que sin incidentes hacían política. Porque eso también es hacer política, más productiva que los discursos del "y tu más" al que nos castigan PP y PSOE. Imperó el sentido común, por tanto. Ya de madrugada los agentes sí evacuaron a las decenas de personas que aún permanecían, pero tampoco se registraron incidentes considerables, pese a los 18 detenidos. No me lo han contado, estaba allí. El 15M quería escenificar su músculo y lo logró. Interior quería evitar acampadas y también lo consiguió así que todos contentos. Quienes desde el principio corrieron a desacreditar al 15M, han dado constantes tumbos en sus argumentos. Dijeron que era una panda de perroflautas. Pero fuera de los focos ha habido una constancia durante todo el año por medio asambleas en barrios y municipios que un año después es lo que ha mantenido vivo el movimiento. Otros dijeron luego que lo que les movía a estos jóvenes eran las ganas de cachondeo. Cualquiera que se acerque a una concentración en el emblemático Km0 podrá comprobar que eso no es un botellón. Los detractores llegaron a decir que el 15M estaba dirigido por Rubalcaba para evitar perder las elecciones. Ha pasado un año y ahí siguen. ¿Que es un movimiento mayoritariamente de izquierdas? Puede. Pero no es nuevo que en lo que a conquistas sociales se refiere casi siempre la izquierda ha ido por delante y la derecha ha llegado después. A remolque. Ahí está la Historia. Y esto no quiere decir que se actué bajo las siglas de ningún partido en concreto pese a que haya quien lo quiera aprovechar. El PSOE e IU tratan de fagocitar este fenómeno como el PP las concentraciones de la familia o las víctimas del terrorismo. El 15M fue la expresión espontánea de un cabreo en un momento de crisis económica y sobre todo política. Bajo un gobierno socialista traicionado a si mismo y unos sindicatos amansados a golpe de subvención. Un año después pocas cosas han cambiado. Las consignas siguen siendo las mismas. Se carga contra el bipartidismo, los privilegios de la banca, se pide otra cosa. Un cambio radical. Tampoco el propio 15M ha cambiado en aspectos que le debilitan. Sigue instalado en una manera de actuar asamblearia marcada por la búsqueda del consenso que ralentiza demasiado las tomas de decisiones. Pero el 15M será asambleario y horizontal o no será, dicen. Tienen razón. Pero eso puede condenarles a ser protagonistas sólo una semana al año y el resto del tiempo ser una realidad minoritaria y demasiado alejada de los focos. Si no se reinventa por algún lado, el mérito de llenar las plazas de vez en cuando no dará para cambiar las cosas, sino para poco más que conmemorar aquella primera vez en la que se pensó que sí se podía. Es innegable que el pueblo habló en la urnas hace sólo unos meses eligiendo por mayoría al PP. Pero lo que también es innegable es que sería un error que el poder y la clase política en general siguiese mirando hacia otro lado ante esta expresión popular espontánea. Vale que el 15M es un movimiento muy amplio que se pierde en debates difusos, pero también exige medidas muy concretas que ayudarían a regenerar el sistema como, por ejemplo, las listas abiertas que combatirían el pesebrismo de los partidos. El paro aumenta, la situación no mejora, los banco reciben ayudas.... El 15M es una realidad con la que se identifican públicos de todas las edades, pero mayoritariamente es un movimiento joven. Una generación que no ha vivido la guerra, que ha nacido en democracia y que no se acuerda de la transición. Una generación que no se casa con nadie y que exige respuestas a una clase política que sienten que les ha dado la espalda.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






