ANÁLISIS DE CULTURA
Willy Toledo

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura02-04-2012
Dice alguno que otro que conoce a Willy Toledo que ha perdido el norte. Sus inicios apuntaban prometedores. Su paso por Siete vidas dejó huella. Lo cierto es que no había ninguno como él para interpretar a un “canalla”. Sus bromas tenían hasta gracia. Por aquel entonces se le llamaba Guillermo Toledo, al menos en público. De hecho a sus espaldas tiene dos nominaciones a los premios Goya por sus papeles en Crimen Ferpecto y El otro lado de la cama. Pero en los últimos tiempos su papel en la realidad ha sido el de emitir declaraciones polémicas llamando “delincuente común” al fallecido preso cubano Orlando Zapata. Después de la que armó en la prensa, pidió disculpas. Obtuvo contestación de hasta un colega de profesión al otro lado del charco. Andy García declaro entonces, allá por el año 2010, que “no entendía cómo podía haber artistas que profesaran amor al castrismo y a Fidel Castro”. Después de otras tantas declaraciones sueltas ha conseguido saltar a la primera plana con todo lo que dice el hijo del prestigioso médico de cirugía torácica José Toledo y que en los últimos años se ha volcado contra la guerra de Irak e incluso se ha adentrado en el mundo de la política. La última de sus acciones debatidas fue participar supuestamente en un piquete como líder para atacar el mobiliario de un bar. Se llevó el susto con una noche en el calabozo. A la salida le esperaba el Sindicato de Actores para arroparle. Sus compañeros de profesión niegan que hiciera tal cosa en aquel bar de Lavapiés la noche en que empezaba la Huelga contra la reforma laboral del pasado 29 de marzo. Que la prensa le dio por detenido, el dueño del bar puso una denuncia y la Policía entonces decidió detenerle. Aún queda por saber si su supuesta fechoría es cierta con el más que certero contenido de la cámara de seguridad que en teoría grabó los hechos. La pregunta es, ¿puede un actor convertirse en activista y desarrollar su actividad profesional sin perder adeptos? Willy Toledo ha cruzado la delgada línea que le lleva a un terreno del que parece difícil salir. En democracia todo ciudadano es libre de elegir su camino, con las consecuencias que trae. La imagen de Guillermo Toledo ha quedado dañada. Está en sus manos el acudir a los Tribunales para demostrar si efectivamente él no participó en el piquete de esa noche para olvidar.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






