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CREAR EN UNO MISMO

Esa palabrota llamada resiliencia

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión28-03-2012

A los tres años, su madre lo ató a un poste eléctrico y lo abandonó en medio del bosque. A los cuatro, dormía desnudo en la caseta del perro. En su quinto cumpleaños, su padre le pegó una paliza desfigurándole el rostro y partiéndole las piernas. A los siete ingresa en un orfanato, donde es maltratado por la institución. En su noveno cumpleaños fracasa en su ya reincidente intento de suicidio. A los 11 es acusado falsamente de incendiar un granero e ingresa en un correccional, del que se fuga con 12. A los 13 es violado por un glamouroso hombre parisino y a los 14, analfabeto, sin educación ni familia, empieza a prostituirse en Mont-Parnasse. ¿Qué será de él dentro de unos años? ¿Qué esperanza de vida -parece risible hablar de “futuro”- le damos? Esta historia me viene a la cabeza siempre que algún alumno de 18 años que estudia en una universidad privada viene a contarme lo mal que le trata la vida. Sus obligaciones, lo aburrido de las asignaturas, la cantidad de trabajos de clase a los que debe enfrentarse, el suspenso de turno, la poca pasta que tiene para salir los fines de semana u organizarse viajes con sus amigos. Lo que me llama la atención de estos alumnos no es que se sientan abrumados por los retos a los que les enfrenta la vida. Cualquier vida, cualquier circunstancia, es susceptible de ser percibida como una aventura: el mero hecho de existir y estar vivos es ya una experiencia, un dato, que debería sorprendernos y sobrecogernos siempre. Lo que me llama la atención es que afrontan esa situación como marionetas del destino, como esclavos de una situación que parecen no haber elegido y que les pesa demasiado. Aquel chaval cuya biografía aparcamos cuando era adolescente y se prostituía en las calles de París tiene hoy 54 años, es apicultor, colaborador en el Tour de Francia y fundador de la asociación Altruisme. Si te preguntas qué ocurrió en la vida de Tim Guénard entre sus 14 y sus 54 años, te invito a satisfacer tu curiosidad en su relato autobiográfico Más fuerte que el odio, traducido a varios idiomas. Seguramente nos preguntamos: ¿Cómo ha sido capaz de sobrevivir a semejante infancia? ¿Cómo ha podido resistir todo aquello? Jose Carlos Bermejo, recordando esta historia, me hizo replantearme la pregunta con mayor crudeza. Porque la verdad es que Tim Guénard no es Tim Guénard a pesar de su historia. La verdad es que Tim Guénard es Tim Guénard gracias a su historia. Yo no me atrevería a decir eso. Lo hace él mismo, en el libro que les propongo. Su virtud no fue la resistencia, que consiste en sobrevivir a la adversidad. Su virtud fue la resiliencia, que consiste en crecer y madurar al enfrentarse a la adversidad. Es poco probable que vivamos situaciones tan dramáticas como las suyas. Por eso es un testigo autorizado para enseñarnos que cualquier adversidad es una oportunidad para crear en uno mismo un valor que regalar a muchos otros.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach