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ANÁLISIS DE CULTURA

Tàpies y el cosmos

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura1 min
Cultura07-02-2012

En primera línea. Avant-garde, o vanguardismo. Libertad hecha arte. Y un artista: la última joya de esta corriente del siglo XX. No es otro que Antoni Tàpies, autodidacta y genio y figura. Cuando alguien se replantea sobre el sentido de su vida con 18 años, tras un fuerte ataque cardíaco y una larga enfermedad, la madurez llega en forma de lienzo oculta tras unos estudios de Derecho. Obras que no son quizás del gusto de todo el mundo. Por no hablar de su impacto hace unas décadas, antes del “todo vale”. ¿Hasta que punto son arte unas bragas con una cruz encima? ¿o las "T" por su apellido o el 4 por los puntos cardinales? es la magia del surrealismo, corriente para la que yo recomiendo abstraerse y dejarse llevar por el sentido de un brochazo que, a primera vista, parece un simple impulso. Pero Tàpies nunca quiso convencer al público general. Prefería pocos seguidores, pero intensos. El tiempo quiso que su obra fuera admirada por medio mundo. La experiencia da sabiduría y las personas empapadas de ella dan respeto. Ciego y casi sordo, pero con una guerra y posguerra a sus espaldas. Mucho Nietzsche, Unamuno y Dostoievski e incluso tintes orientales dieron a Tàpies la profundidad de su alma hecha pinceladas. Ya octogenario seguía ávido arte. Desde su oficina en Barcelona modo Búnker. En alguna ocasión comentó que nacer y morir era lo mismo, que el tiempo del cosmos sigue su curso. Pero a él siempre le gustó mirar el reloj a menudo. Para aprovechar al máximo los minutos.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press