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ROJO SOBRE GRIS

El mismo verso, distinta agua

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión06-02-2012

Por supuesto había muchas otras tiendas, pero aquella era “la tienda”. “Vete a la tienda a por pan” “Tenemos que parar en la tienda que se ha terminado la leche” “¿Hay que parar hoy en la tienda? Todos los días, absolutamente todos los días desde que tengo conciencia y hasta que fuimos a estudiar a Madrid, asomaba en algún momento en nuestra vida “la tienda de la señora Milagros”. Hay ciudades con el tamaño perfecto para crecer en ellas, o eso me parece a mí. Son lo suficientemente grandes como para representar el mundo entero en una escala lo adecuadamente pequeña como para poder tocar sus cuatro paredes, recorrer todos sus límites y entender en ellas al hombre de cualquier lugar del mundo. Esa experiencia de crecer con la ciudad, de llegar a conocerla profundamente hasta tener conciencia y experiencia de que puedes cambiarla e intervenir en ella fue una de las cosas que me hizo a mí como soy. La tienda de la señora Milagros se cerró hace años cuando la señora Milagros se jubiló y ninguno de sus hijos quiso continuar con el negocio. Era un pequeño colmado donde había de todo. Se lo comentaba a mi hermana camino a Burgos. “Cuántos de mis sueños tenían como escenario la tienda de la señora Milagros”, dije de repente. “Y yo”, me contestó mi hermana. “Qué surrealista, ¿verdad? Hasta eso compartimos”. En un visto y no visto, recorrimos con la imaginación cada rincón de “la tienda” y sus estantes: los chicles, los donuts, la fruta, el pan, los huevos, el recoveco tenebroso de los productos de limpieza, la zona oscura de los embutidos, el olor a bollo, las botellas, las conservas, la bata de la señora Milagros, los papeles donde hacía las cuentas a mano con esa caligrafía perdida en los cuadernillos de Rubio… Recuerdo hasta el dibujo del papel en el que nos envolvían el pan, un papel blanco y finurrio, ilustrado con finas espigas de lánguido color rojo. - Me gustaría tener una foto. - Y a mí. Es sólo la tienda de la señora Milagros. Parte de nuestra vida está ahí, en el recuerdo de aquella pequeña tienda. Quizás tenemos memoria, e historia, y pasado porque repetimos las cosas una y otra vez, siempre igual, especialmente en esos momentos en que la vida pone sus cimientos y se configura todo nuestro universo simbólico. Quizás porque repetimos tenemos presente y futuro. Cuando mis padres arreglaron la casa hace unos meses, mi padre temía principalmente una sola cosa: que se la cambiaran. Vivir en las mismas paredes pero en otra casa. Sólo de pensarlo se le debían de poner los pelos de punta. Repetir. Repetir. Repetir. Rojo sobre gris a la deliciosa repetición de las cosas que hace posible la historia que, “a la vez quieta y en marcha”, canta “siempre el mismo verso / pero con distinta agua”.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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