CREAR EN UNO MISMO
Repensar nuestra acción

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión06-02-2012
No sé a ustedes, a mí pocas personas me dan tanto miedo como aquellas que dicen: “no me arrepiento de nada”. No existen las personas que no se equivocan y, por lo tanto, cuando una persona no reconoce haber cometido errores o nos engaña, o se auto-engaña. Tampoco parece razonable que uno no evolucione nada, de forma que hoy hiciera lo mismo, exactamente de la misma forma, que lo que hizo unos años antes. Si una persona fuera realmente así, estaría muerta, sería un autómata, incapaz de aprender, de renovar, de crecer. Ciertamente, puede ocurrir que en el momento en que tomamos una decisión, lo hiciéramos de buena fe y valorando adecuadamente todos los elementos de juicio disponibles en aquel momento. Pero, en el mismo instante en que ejecutamos esa acción, ya disponemos de información nueva, de lo que ocurre en nosotros, en aquello sobre lo que actuamos, en las personas a las que afecta, etc. A toda acción le siguen unos resultados. Esos resultados arrojan nueva luz sobre el sentido o sin sentido de la acción, su grado de eficacia, su alcance, etc. Evaluar esos resultados debería enseñarnos algo sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre nuestras acciones. Además de las preguntas orientadas al logro, hay otras dos que pueden ayudarnos a crecer humanamente y a crear en el corazón de nosotros mismos. Ambas preguntas exigen que nos veamos desde fuera y que no temamos juzgarnos ni reconocer nuestros errores. La primera es: “¿Quién soy yo, que hago esto?”. Se la escuche por vez primera a los fundadores de Gift and Task, especialistas en el desarrollo de la realización personal. La segunda es: ¿Qué valores y objetivos perseguía nuestra acción? Esta pegunta nos permite confrontar lo que realmente queremos con lo que realmente hacemos. Estas y otras preguntas suponen ejercitarnos en lo que Gabriel Marcel llamaba “reflexión segunda”, ese repliegue sobre nosotros mismos que nos permite juzgar nuestras propias acciones y experiencias para comprender el misterio más acuciante de nuestra vida: quiénes somos, qué no queremos ser y quiénes queremos llegar a ser. Sin valorar(nos) en nuestra acción de cada día, no podremos nunca afrontar con hondura esa aventura para la que no necesitamos mucho y que nadie puede robarnos nunca: la de crear valor en uno mismo.






