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SIN CONCESIONES

IRPF, IVA y otros impuestos

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión16-01-2012

Muy poco ha tardado Mariano Rajoy en incumplir sus promesas preelectorales. Su primera decisión nada más llegar al Gobierno ha sido elevar dos impuestos tan importantes como impopulares, el IRPF y el IBI. Hace dos años proclamaba que la receta para salir de la crisis era, al contrario, bajar los impuestos. Hace un año empezó a matizar que el déficit impedía reducir la presión fiscal. Ahora, emprende el camino contrario al que defendía y eleva las retenciones salariales y la tasa municipal a los inmuebles. En resumen, más impuestos, aunque de manera "temporal" para recortar el elevado déficit público heredado de Zapatero. Lo cierto es que Rajoy no tenía otra salida. Tenía que subir los impuestos sí o sí, en contra de su criterio y del programa con el que se presentó a las elecciones generales de 2008. En los últimos comicios, sus promesas eran tan ambiguas que dejaban la puerta abierta a cualquier decisión. Sabía que podía ocurrir lo que ha ocurrido. El Ejecutivo de Zapatero tenía que haberse marchado de La Moncloa con un déficit público del 6%. Eso era la exigencia de la Unión Europea. Pero faltó a su obligación, como en tantas cosas. El Partido Popular ha recibido una herencia que supera el 8% de déficit y que supone un agujero extra de 20.000 millones de euros. Rajoy sabía cuando ganó los comicios del 20 de noviembre que tendría que recortar 16.000 millones de gasto público para alcanzar el objetivo del 4,4% de déficit en 2012. Ahora, el reto es aún mayor. Debe bajar el déficit del Estado a la mitad en apenas doce meses, del aproximadamente 8,2% heredado de Zapatero al 4,4% exigido por Europa. Si no lo hace, España sería intervenida por las autoridades comunitarias y -como en Grecia o Italia- podrían forzar a Rajoy a dimitir al año de llegar a La Moncloa. Por eso, el tijeretazo no ha terminado. Será aún mayor. Llegará con toda seguridad en los Presupuestos Generales del Estado que el Gobierno ya está preparando y que el Consejo de Ministros aprobará a finales de marzo, posiblemente cinco días después de las elecciones autonómicas de Andalucía. Rajoy tiene que cuadrar el círculo, algo en esencia imposible. Debe disminuir el presupuesto del Gobierno central, de las comunidades y de los entes locales en casi 40.000 millones de euros. Son los 16.000 millones previstos por la UE para 2012 y los más de 20.000 derrochados por Zapatero en 2011. En total, las administraciones públicas suprimirán este año el dinero equivalente al sueldo de cerca de dos millones de personas. El Gobierno espera así cuadrar las cuentas, recuperar la confianza y encender el motor de la economía. Cree que así habrá más inversión, se volverá a crear empleo, bajará el paro, el Estado recaudará más y el déficit bajará más rápidamente. Sería como un efecto dominó. Pero las piezas deben estar perfectamente colocadas, y no es fácil. Si fracasa, Rajoy tendrá que subir más impuestos, aumentar el IVA, echar funcionarios... Con el IRPF y el IBI no ha tenido más remedio. Pero lo que venga después será responsabilidad suya. Únicamente suya. Debe asumirlo y, sobre todo, debe empezar a explicarlo a la ciudadanía si quiere que las medidas se entiendan. En eso, se está esforzando poco. Muy poco. Como el tiempo que ha tardado en incumplir sus promesas preelectorales.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito