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SIN CONCESIONES

Pasividad y contraespiritual

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión09-01-2012

Nunca me ha gustado la excentricidad. Sin embargo, de un tiempo a esta parte empiezo a valorarla en algunas personas. Suele ser un síntoma de coraje y valentía. El que no se resigna, el que dice incomodidades, el que discrepa, el que defiende lo justo, el que lucha por el bien social... los que son así comparten la virtud de la valentía, aunque a ojos de los demás puedan parecer excéntricos. A esos no hay que perderlos de vista, incluso habría que homenajearlos. En el mundo actual, cada vez hay menos valientes. Con la crisis económica y la pérdida de millones de empleos, los valientes son una especie en riesgo de extinción. Nadie quiere ser valiente cuando pone en juego su salario. Algo así es lo que denuncia Álvaro Pombo, reciente ganador del Premio Nadal de Literatura. Tiene su punto excéntrico, pero me gusta. Pombo es de los que suelta verdades como puños, de los que habla con sinceridad sin importarle las consecuencias y de los que antepone los principios a los intereses personales. Algunos le tachan de loco y no me extraña. Para defender lo justo y buscar la excelencia en plena crisis de todo, hay que estar un poco mal de la cabeza. Más que un escritor, es un intelectual de los más grandes que tenemos actualmente en España. Su admiración por el filósofo Fernando Savater denota cierta humildad y señala el camino que intenta recorrer, aun siendo consciente de los riesgos sociales que entraña. La última obra de Álvaro Pombo, la que le ha valido el Premio Nadal, describe precisamente la crisis intelectual que atravesamos. El protagonista es un profesor jubilado que, pese a su alta formación, es incapaz de comprometerse en el mundo que le rodea. Es el eterno problema de la pasividad, que el egoísmo acentúa en momentos de penurias personales y económicas como el actual. "Esta crisis es contraespiritual, impera la filosofía de la salvación personal del alma a la de la ciudad, tan lejos de aquello de que si no salvo mi circunstancia no me salvo yo", apostilla Pombo en una genial entrevista que leo en El País. Por cosas así admiro a Álvaro Pombo e incluso le voté para senador en las elecciones generales del 20 de noviembre. No me importa reconocerlo. Más allá de la política, cree que escribir lo que escribe es una forma de comprometerse porque en estos tiempos "no se puede aceptar todo como está". España necesita líderes de todas las clases dispuestos a entregarse por los demás, por el conjunto y olvidar sus conveniencias particulares. El problema no es la crisis económica; sino las actitudes arrogantes, egoístas e insolidarias que nos metieron y nos mantienen en ella. Cuando te comprometes por los demás o por algo, te lo suelen reprochar. Te preguntan qué te interesa conseguir o qué quieres para renunciar a los ideales. No se dan cuenta de que los ideales son precisamente eso: ideales que no se abandonan a la primera de cambio. Y si estás a punto de rendirte, hay que parar un instante, apartarse del ruido y la confusión del estrés. Recuperas la paz y vuelves a valorar lo que realmente importa. Es entonces cuando comprendes mejor las palabras de Álvaro Pombo y su crítica a la pasividad y lo contraespirutural. Ese es el tipo de excentricidad que me gusta. Por desgracia, estamos acostumbrados a otro tipo de excentricidad, la que algunos medios de comunicación ejemplarizan en Belén Esteban. Esa es una excentricidad insolidaria, egoísta, vulgar y mediocre. A mí me gusta la excentricidad que, por poco frecuente, denota compromiso y búsqueda de la excelencia. Esa es la que nos hace falta en este momento de la Historia.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito