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CREAR EN UNO MISMO

Buenos propósitos

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión26-12-2011

Los finales de ciclo suelen coincidir con una reflexión sobre lo vivido, la renovación de algunas convicciones y la elaboración de buenos propósitos para el futuro. Una alumna me decía el 21 de diciembre que el 9 de enero iba a cambiar radicalmente su comportamiento y compromiso en clase. ¿Va a lograr la confluencia de los astros lo que su voluntad no afrontó durante tres meses de curso? No soy quién para responder a eso (cosas de mi Yoda interior, según me escribía una tuitera), pero el hecho es que, al menos en la intención, buscamos en los cambios externos más o menos naturales o convencionales la oportunidad para plantearnos un cambio interior. Fin de año es un buen ejemplo. Quiero creer que fue la casualidad (y no la alineación entre Júpiter y Saturno) la que quiso que varios investigadores en coaching dialógico nos reuniéramos, también por estas fechas, para reflexionar sobre el modo en que el hombre se pregunta por el sentido de su vida. Allí nos preguntamos, entre otras cosas, por qué resulta hoy tan fácil desconectar de nosotros mismos hasta el punto de vivir como autómatas, o porqué estamos tan encerrados en nuestro trabajo y preocupaciones que somos incapaces de levantar la cabeza, mirar a nuestro alrededor y disfrutar de lo que nos rodea. La respuesta no es sencilla, pero encontramos algunos recursos para escapar del torbellino de la vida y aprender a ver nuestra existencia y nuestro destino con nuevos ojos. En primer lugar, nos recordamos a nosotros mismos que el sentido de nuestra vida no se reduce a la consecución de algunas metas o logros. Podemos lograr muchas cosas y estar perdidos; podemos fracasar muchas veces y permanecer felices y orientados. El sentido de nuestra vida tiene que ver, ciertamente, con servir para algo, pero no con logros concretos, ni necesariamente individuales. Además, el sentido de nuestra vida tiene mucho más que ver con sabernos acogidos, orientados y valorados por quiénes somos, que con aquello que alcanzamos. Si el agradecimiento es la prueba radical de toda felicidad (Chesterton), nuestra alegría tiene más que ver con lo que nos es dado que con aquello que alcanzamos por méritos propios. Eso debería invitarnos a poner nuestra mirada en otro lugar, más allá de nosotros mismos. El recorrido de nuestras reflexiones llegó mucho más lejos, y el desarrollo de contenidos y herramientas para aplicar esto a la propia vida habrá de esperar a la segunda (y sucesivas) ediciones del curso, pero podemos aprovechar la confluencia de los astros para formularnos ya mismo algunas preguntas. Busquemos silencio y sosiego para pensar: ¿Qué se me ha regalado en 2011? ¿Qué personas que merecen la pena he conocido? ¿En qué situaciones me he encontrado que me han hecho crecer? ¿Qué luces para mi vida he vivido en 2011? ¿Qué retos me ha planteado este año y cómo he respondido? ¿Qué retos me plantea el presente y cómo voy a responder a ellos en 2012? Es sólo un principio, en apenas unos minutos. Pero es también una oportunidad para respirar hondo, despacio, y volver a ver dentro y más allá de nosotros aquellas cosas que nos hacen crear y crecer desde nosotros mismos.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach