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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Qué mano más calentita

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad23-10-2011

A los periodistas la vida nos pone a prueba constantemente. Uno sale del metro camino del trabajo y se topa con un anciano desorientado que pide limosna. "¿Qué le ocurre?", arranca la entrevista improvisada. Y, el abuelo, de buen aspecto pero con la mirada perdida, narra una biografía dura y cuel. "¿No tiene a nadie?". El relato de los años prosigue en su desdicha. "Tenga para un café". Pero el abuelo no quiere dinero y secuestra la mano que tantas líneas inútiles ha escrito para apretarla entre las suyas. "Qué mano más calentita", dice. Los ojos se humedecen mientras se emprende la huída en busca de la conciencia. Es temprano y el otoño despierta en la ciudad. El Samur Social dice con voz de martes al otro lado del teléfono que la próxima vez que el abuelo esté a la salida del metro que sea él quien llame a pedir ayuda. El miércoles toca entrevista a Diego Carcedo, periodista e historiador. Ha escrito un buen libro sobre los españoles que plantaron cara al Holocausto. Última pregunta. "¿Dónde termina el periodista y dónde comienza la persona?" Se ríe por lo retórico de la expresión. Ya se sabe que en este tipo de cuestiones la respuesta se halla en el mismísimo planteamiento. Entrevistadora tocada y hundida. "De todo se aprende", hay que pensar. Pero Carcedo había confesado antes que el ser humano no ha sido capaz de aprender de los errores más graves de la historia. La boca se queda seca y las manos pierden temperatura. No es para menos. El calendario prosigue a su capricho e irrupmpe "la noticia" que tanto tiempo tantos esperaban. Es jueves. ETA da un paso para no ser más veces sanguinaria. No para dejar de serlo, pues ya lo es. Y, ante tal buena nueva, cualquier plumilla con mínimo de principios y dignidad, tenga o no silla que calentar, se emociona al ritmo de las palpitaciones de la actualidad. El Periodismo es una forma de vida, no sólo, aunque también, un medio para malpagar la hipoteca. Muchas víctimas áun tienen memoria. Y las manos frías... Llega el fin de semana. Y no hay descanso informativo para quien toma el oxígeno del acontecer de la historia. Así que las tripas le piden al cuerpo teclear el ordenador a las diez de la noche de un sábado de octubre. Se ha muerto uno de esos héroes contemporáneos de los que ahora reniegan muchos españoles. Atención, colegas, como el periodista, un torero jamás deja de serlo. Aquí no hay ex que valga. Una vez, en una entrevista, Antonio Chenel Antoñete confesaba que aunque no le tuvieran las pienas sólo necesitaría movilidad en las muñecas para poder torear. Que todo es inteligencia y corazón. Y qué es torear, nos preguntamos. Hay quien lo define como "engañar con mucha verdad". Y la cruda realidad, en Periodismo, muchas veces tiene protagonistas con las manos frías.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo