ANÁLISIS DE ESPAÑA
La España del 'carguito' y la 'paguita'

Por Alejandro Requeijo
2 min
España10-10-2011
Berlanga tenía razón. Somos así. Exactamente como el director reflejó en sus películas hace décadas. Ha pasado tiempo, pero sus personajes están repartidos aún por la geografía nacional y no falta ni un bodorrio de duquesa con alardes, pero sin la grandeza de antes. Como mucho han cambiado las formas. O ni eso. Decir en alto que un subsidio es una paguita siguen siendo varios días de bronca. Sea verdad o no, lo que se discute es el agravio. Esta España en la que los intereses son de hoy para mañana y los principios caducan a los cuatro años se manifiesta especialmente cuando se huele el cambio de poder. Asomarse a la convención nacional del PP era como estar en ese salón de la escopeta nacional. En ese palacio de congresos sólo faltaba la chimenea para que más de uno quemase viejas conspiraciones y conatos de traición. Ya ni la irrupción de Aznar hace temblar las estructuras del partido como antes. Por eso le dejan hablar un día entero de lo que quiera, aunque sea de ETA y vaya en contra de la estrategia de campaña (empleo, empleo, empleo...) . Rajoy va sobrado y lo refrendaba ese enjambre de ex de muchas cosas que ahora vuelven tras años desaparecidos o gente que ni si quiera se tiene muy claro de donde salen, pero que ahí estaban. Buscando un carguito, una promesa, o en el peor de los casos un golpecito en la espalda que les haga sentirse más cerca de su PER particular durante los próximos cuatro años. Echar un vistazo y comparar estos días el número de vampiros que hay en un acto del PP y en un acto del PSOE, es más eficaz que las encuestas para medir como están las cosas. Mayoría absoluta dicen los sondeos y la cohorte de pelotas. Ya ven, ayer al ministro Blanco se le tiraban al coche en las gasolineras como los monos en el Safari Park. Hoy sólo le defiende Rubalcaba, ante sus padres y porque en esa defensa también va la suya propia. Pero como todo el mundo sabe, en esta España berlanguiana una fidelidad dura lo que dure dura, te llames Camps o Zapatero. Cambiará el color del Gobierno, más bien por una cuestión de inercia que de convencimiento. Los pelotas con suerte conseguirán su carguito y su paguita, aunque sea como asesor del asesor del consejero de la cosa austrohungura. Los que la pierdan, en cambio desapareceran hasta que vuelvan a oler a poder. Y mientras tanto ahí queda la vaquilla tirada en medio del ruido que la invoca y al mismo tiempo la olvida.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






