ROJO SOBRE GRIS
Los 20 primeros minutos

Por Amalia Casado
2 min
Opinión10-10-2011
Creo que son exactamente veinte minutos lo que tardo en despertarme. No me refiero al tiempo que transcurre desde que suena el despertador hasta que me levanto –que puede variar-, sino al que mi cuerpo necesita desde que pongo un pie en el suelo hasta que cada parte logra reconocerse y coordinarse con las demás. Mi cuerpo se recompone cada mañana como si durante la noche lo hubiesen descoyuntado. Durante esos minutos hago cosas por instinto reflejo, por el hábito de haberlas repetido millones de veces, pero no siempre logro recordar después ni el orden en que las hice ni si las hice o no. Es una franja de tiempo peligrosa, idónea para todo tipo de accidentes domésticos. Los objetos se me escurren entre las manos porque aún no hacen presión suficiente, y antes de que mi cerebro logre registrar el peso de los mismos para darle a mi mano la orden de agarrarlos con la fuerza necesaria, ya se han resbalado. Son los veinte minutos perfectos para volver a quedarme dormida si me recuesto en el sofá; para ducharme sin disfrutar el aroma del jabón; para vestirme con las tres primeras prendas que tengo a mano; para decir a todo sí aunque sea no. Me pregunto para qué servirán esos veinte minutos de “iniciando windows” cada mañana, y cómo puedo encontrarles un sentido para disfrutarlos en lugar de enfurecerme tanto. Esperaba frente al paso de peatones a que algún coche le dejase pasar, bastón en mano. Paré. “Con qué gusto se le abre paso a un mayor como éste”, le dije a mi marido “que no cruza la carretera a todo corrrer como si aún fuese un chaval”. “La diferencia entre él y tú”, me contestó”, es que él ya lo ha hecho todo en la vida. Y no tiene prisa”. “¿Qué significa hacerlo todo en la vida?”, me pregunté. Pensé que uno de los grandes retos de la ancianidad debe de ser precisamente ése: encontrar una fuente interior de paz en esa última etapa, cuando uno puede mirar atrás y contemplar los muchos minutos que ha vivido como si estuviera dormido. Pues sí. Rojo sobre gris a los veinte primeros minutos de mi cada día, esa experiencia que me prepara para un día esperar con paciencia, bastón en mano, ante un paso de peatones. Sin prisa. A pesar de no haberlo hecho todo en la vida.
Seguir a @AmaliaCasado

Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






