ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Tiempo de calidad

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad27-06-2011
Es un concepto que manejan los psicólogos, esos profesionales que tratan de curar, para que nos entendamos, algunas de las enfermedades del alma. Vamos, es la forma contemporánea de abordar esas cuestiones relativas a aquello de "no sólo de pan vive el hombre". El tiempo nos interesa a todos y en todos repercute, aunque no siempre sepamos gestionarlo. Está muy repetido ese deseo de que llegue el fin de semana, o las vacaciones. Hasta cansa escucharlo. Pero, a cambio, se "desaprovechan" el resto de los días que supuestamente quedan. Uno tiene fecha de caducidad, pero, a Dios gracias, no es un yogur. Los padres ocupados en jornadas laborales irreconciliables con la familia tratan de quitarse la espinita en el poco tiempo libre que les queda para pasar un rato agradable con sus hijos, cuando deberían dedicar muchos minutos más a educar a los críos en vez de tratar de ser sus amigos. ¿A eso puede llamarse tiempo de calidad? Tiempo de calidad puede ser el del moribundo minutos antes de dejar de respirar; el del novio que espera ante el altar; el de la firma de la compra de una casa; el que dura un examen para optar a una plaza en una oposición. Pero también puede serlo el que cuenta por semanas una mujer embarazada; el de la chica ante su primera cita; el del empleado que no llega a fin de mes; el de observar un parque desde un banco; el del que se queja de su jornada laboral; el del que escucha su canción favorita en la radio; el del desempleado que no ve el día en que pueda abandonar las listas del paro. El tiempo de calidad puede encontrarse lo mismo en un hotel de todo incluido que en un atasco; en una playa paradisíaca o en la sala de espera de un hospital; en el jubilado que juega a las cartas o en el escritor que se encierra en un cuarto para encontrar la inspiración para su nueva novela. El tiempo de calidad, ese concepto que manejan los psicólogos, está efectivamente en el alma de cada uno. Los minutos del reloj sólo se explican según la actitud que cada individuo se imponga para vivirlos. Ya sea en el mismísimo infierno o en el mejor de los paraísos. Éso sí, siempre con los pies en el suelo.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






