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Corresponsales de Paz

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión26-06-2011

En los ambientes de Harvard se suele contar la siguiente historia: erase una vez un estudiante que, al cabo de cuatro años, terminó su carrera en el College de Harvard. Ese día, mientras se encaminaba hacia el solemne acto de graduación, cayó en la cuenta de que no había leído ninguna obra de Shakespeare. Nada sabía sobre Platón y Aristóteles. Sus conocimientos en Religión eran infantiles. Pensó que también sus compañeros se encontraban en situación parecida: muchos no habían cursado una sola asignatura de matemáticas; bastantes de ellos desconocían los rudimentos de la biología o la química, la física o la astronomía. Eran bastantes los que durante esos cuatro años jamás se habían enfrentado con un libro de texto de filosofía, economía, arte o música... Pensando en estas y otras lagunas de su formación, el estudiante que iba a graduarse, llegó al lugar donde recibiría su título. El ceremonial empezó y tras un largo silencio la voz del Presidente de Harvard pronunció la fórmula tradicional de saludo: Welcome to the cornpany of educated men and women. La anécdota la recoge Juan Antonio Giner en La revolución empieza en Harvard y recoge muy bien algunos de los problemas de una formación universitaria poco reglada o demasiado especializada. Ambos riesgos son posibles con la reforma de Bolonia, si bien en el caso español el Estado se ha encargado de estandarizar algunas de las titulaciones que considera estratégicas según quién sabe qué intereses. El libro recoge alguna de las meteduras de pata más notables de la prensa estadounidense, y la lectura resulta sencilla: saber juntar letras hasta configurar artículos que vendan periódicos no es lo mismo que ser un buen periodista. El periodismo, como todas las profesiones, no es una mera técnica, sino una práctica. Los griegos distinguían bien estos dos planos (tecné y praxis), y toda praxis era automáticamente entendida como una cuestión moral. Por no decir, ya que estamos, que tanto la tecné como la praxis implican cierto conocimiento por causas y un juicio prudencial. La práctica del periodismo, además, exige un conocimiento de la naturaleza humana y de realidad política y social del ámbito en que se ejerce. Decir que el periodismo es una praxis significa también que su objetivo no puede ser neutral (ninguna acción humana lo es), y que su ejercicio es siempre intencional. Todo periodista busca y espera lograr algo con su labor. Todo periodista de verdad sirve a alguna causa. La causa de la verdad, aunque es una práctica difícil, es una respuesta fácil. Puede haber otras. Por ejemplo, la paz. Del 26 de junio al 3 de julio, unos 50 estudiantes de la Universidad Francisco de Vitoria asistirán en Jerusalén a un curso titulado Corresponsales de Paz. Lo organiza la facultad de Comunicación de dicha universidad, y más allá de conocer de primera mano cómo está la cuestión palestino-israelí, el objetivo del curso pretende renovar la profesión periodística dándole la vuelta como a un calcetín. Que la noticia que alegre a la profesión sea la paz, y no la guerra, parece un buen primer paso para formar una comunidad de profesionales capaces de juntar letras no sólo para vender periódicos, sino para introducirnos en ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach