ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Ahora, Schengen

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional16-05-2011
Schengen, como Maastricht, son de esos nombres que se quedan en el subconsciente de la opinión pública. Mucha gente no sabrá, a ciencia cierta, por qué les suenan, pero aun así ambos están asociados a términos positivos. No es para menos, ya que dan nombre a dos importantes acontecimientos en la historia de la construcción de la Unión Europea: el Acuerdo de Schengen y el Tratado de Maastricht (Tratado de la Unión Europea). Desde hace semanas, la parte del Acuerdo de Schengen que se refiere a la libre circulación de personas está dando mucho de lo que hablar. Primero fue con las rencillas entre Italia y Francia motivadas por la llegada masiva de inmigrantes que huían de Libia. Gran parte de estos, una vez que estaban en territorio italiano, se dirigían hacia ciudades francesas, lo que motivó que el Gobierno de Nicolas Sarkozy interrumpiera el tráfico ferroviario entre ambos países. Este incidente sirvió para que otros mandatarios europeos pidieran abordar la situación y analizar qué hacer en casos similares. A todo ello se suma, la reciente decisión del Ejecutivo de Dinamarca de volver a instaurar controles fronterizos. En todos los casos, los que abogan por reinstaurar las inspecciones señalan que esto no significa el fin de Schengen, sino una forma de paliar la inmigración ilegal y la delincuencia, especialmente la referente al crimen organizado. Ciertamente, no tiene por qué ser malo ni peligroso que se analice el Acuerdo de Schengen. El texto tiene su origen en 1984 pero no entró en vigor hasta mediados de la década de 1990. Un cuarto de siglo después, una revisión y adaptación a los nuevos tiempos y amenazas no es negativo. En los últimos 25 años han cambiado mucho las cosas, tanto para bien como para mal. Lo importante es que los líderes europeos, a la hora de analizar Schengen, mantengan el espíritu de integración comunitaria, refuercen los aspectos positivos del acuerdo (que tiene muchos) y subsanen los defectos que se han ido poniendo de manifiesto. Así, seguro que la Unión Europea sale reforzada y sus habitantes pueden seguir disfrutando de las ventajas de pertenecer a ella.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






