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ROJO SOBRE GRIS

El momento de los mendigos

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión09-05-2011

Yo nunca he participado en una. La Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 acaba de franquear la psicológica barrera de los 100 días que restan para que dé comienzo. Hay miradas de todo tipo hacia este acontecimiento: escépticas, críticas, entusiastas, indiferentes… Pero, honestamente, siento que este encuentro multitudinario merece un estusiasmo especial, un dejarse poseer, un ponerse a tiro de lo que pueda pasar. Creo que lo merece por un motivo muy sencillo: porque los que han participado en estos eventos en otras ocasiones dicen que pasan cosas; que te pasan cosas grandes, cosas que cambian la vida, cosas verdaderas. Y estamos necesitados de eso. De un poquito de eso. A veces me he sentido embargada por una satisfacción indescriptible, imposible de comprar en ningún sitio, imposible de fabricar artificialmente y de la que he alimentado ese hambre de entusiasmo, de sentido y de fuerza vital que muchas veces necesitamos en la vida cuando tenemos que recordar por qué las cosas merecen la pena. Es la satisfacción de haberse implicado, de haberse entregado, esperando, deseando y buscando con todas las fuerzas que sucediera algo que mereciera la pena. Es la satisfacción de haber sido mendiga. Creo que la Jornada Mundial de la Juventud no es sólo el momento de quienes tienen la suerte de la certeza; es también la hora de los mendigos. De los mendigos de una prueba, de una prueba existencial, de una prueba en carne propia. Es también el momento de quienes deseamos y queremos que Dios exista, de quienes queremos experimentar si es de verdad, si puede responder a nuestras preguntas, si se nos puede aparecer y tocar nuestra vida. De quienes queremos experimentar que de verdad puede hablarnos, que podemos escucharle y entenderle; de quienes queremos saber si nos escucha cuando gritamos al cielo, de quienes no queremos morirnos, de quienes a veces querríamos desaparecer, de quienes necesitamos perdón, de quienes dudamos, de quienes caemos. De quienes queremos experimentar que está aquí, que no se ha olvidado de nosotros. De quienes queremos saber que la Iglesia no es un invento sin más. Por eso creo que es el momento de ponernos a tiro sin prejuicios, sin vendas en los ojos, sin tópicos por barrera, a pecho descubierto y dispuestos a morir o a vivir para siempre. Rojo sobre gris a quienes quienes tengan la osadía de confrontarse con Dios y mendigarle. Aunque sea una migaja. Porque, si existe, yo quiero que me toque.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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