SIN CONCESIONES
La muerte de Bin Laden

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión09-05-2011
Sólo ha transcurrido una semana pero parece un siglo entero. La fugacidad y la superficialidad de las noticias es cada vez más grande. Apenas duran horas, como mucho días, en las portadas de los periódicos. Incluso, en el caso de un acontecimiento con trascendencia mundial como el hallazgo y asesinato de Osama bin Laden queda reducido en apenas seis días a la dimensión de reportaje dominical. Por cierto, con no demasiado éxito profesional. Sin duda, ese es uno de los daños que los periodistas estamos causando a las sociedades modernas, que empiezan a acostumbrarse a devorar información de forma superficial y que ni quieren ni tienen la oportunidad de profundizar en las causas de un problema. A esa velocidad, casi tendríamos quue dar por acabado el siglo XXI. Cuando Bin Laden ordenó el ataque terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001, se dijo simbólicamente que había empezado el siglo XXI. Ahora, quieren darlo por zanjado con la muerte del criminal más buscado del planeta como si terminase una era. Grave error. La desaparición de Bin Laden no supone, por desgracia, el fin de la red terrorista Al Qaeda. Al contrario, puede convertirse en combustible para reclutar nuevos muyahidines, puede agrandar el odio de los radicales islamistas hacia las democracias occidentales, puede empujar a la venganza a miles de fanáticos... Lamentablemente, esto no ha hecho más que empezar. Lo sabemos bien en España, donde el terrorismo de ETA tiene más de 40 años de historia y donde la lucha contra los criminales ha probado todas las formas de combate. Las legales y las ilegales, las justas e injustas, las correctas y las que buscan toda clase de atajos. El tiempo ha demostrado que la mejor manera de acabar con el terrorismo es desde el respeto al Estado de Derecho y con la pedagogia que supone demostrar que la violencia sólo conduce a la cárcel. Es una frase que muchas veces repite el actual ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y que tiene máxima eficacia para disuadir a futuros terroristas porque está sustentada sobre una estrategia que inició Jaime Mayor Oreja, al que tanto critican ahora desde la izquierda. Esta lección es la que aún tienen pendiente en Estados Unidos. En lugar de matar a Bin Laden en su propia casa, hubiera sido más justo capturarle y someterle a un juicio público. Es lo que se presuponía cuando la orden de la operación procedía de Barack Obama, el presidente de Estados Unidos al que le bastó con ganar unas elecciones presidenciales para que le dieran el Premio Nobel de la Paz. Prometió sacar las tropas de Iraq y Afganistán, anunció que cerraría la prisión de Guantánamo antes de un año. Pero nada de eso ha ocurrido. Al revés, a la hora de acabar con Bin Laden ha empleado medios más violentos que George W. Bush con Sadam Husein. El ex presidente de Iraq murió tras ser detenido, juzgado y condenado. Bin Laden no tuvo tanta suerte. Para colmo, fue arrojado al mar como un desecho, como basura. No deja de ser una hipocresía que nadie haya pedido que la Academia de Suecia retire el galardón a Obama tras esta acción militar. Una de las enseñanzas que deberíamos extraer es que el poder no entiende otro lenguaje. Todos los presidentes acaban cometiendo los mismos errores, al margen de sus ideologías. La alta política es así. No merece la pena distinguir entre buenos y peores. Bush invadió Iraq y en un mes echó a Sadam. Obama dio la orden de bombardear Libia pero ni en dos meses ha logrado acabar con Gadafi. Aznar apoyó la intervención en el Golfo con un buque médico y Zapatero secunda la acción de Libia con cazas y submarinos. Unos lo llaman paz, otros guerra. Para unos, matar a Sadam era venganza; liquidar a Bin Laden, justicia. Todos olvidan que la construcción de un mundo mejor nunca puede empezar por la destrucción del anterior. De los escombros únicamente nace más odio. La paz se forja desde la libertad y la justicia.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






