Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Las bellas artes de Joselito

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad11-04-2011

El Gobierno ha premiado al torero José Miguel Arroyo Joselito con la Medalla al Mérito en las Bellas Artes. No es el primero ni el único matador de toros merecedor de tal condecoración -también lo ha sido en la presente edición el fallecido Pepín Martín Vázquez-, pero esta medalla confirma oficialmente la consideración de la Fiesta de los toros como un capítulo más de la cultura española. A Joselito le sorprendió la noticia trabajando en su finca cacereña, con una risa floja entre la duda y la satisfacción cuando escuchó por teléfono la decisión del Gobierno. "¿Es una broma?", dijo. Lo parecía, pues al otro lado del aparato no estaba, precisamente, la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde. Pero, ¿cómo se podría tomar el pelo a un torero de su seriedad? Quizás sea ese alguno de los valores que haya querido destacarse con esta medalla. Joselito escribió un importante capítulo sobre los ruedos, y lo hizo pese a su dificilísima infancia, a las muchas y graves cornadas que sufrió -un toro mató incluso a un hombre de su cuadrilla- y a su inestable temperamento. Pero en vivir "de, por y para el toro", como él dice, abanderó también otros valores, propios de un personaje anacrónico en la sociedad actual: el romanticismo, la libertad y, en cierto modo, la pueza. Perdió triunfos sonados por devolver a la Tauromaquia un sentido clásico que había perdido, defendió lo indefendible en los despachos y ejecutó un toreo fundado en la variedad y la autenticidad. Es verdad que, como artista, no tiene que gustar a todos. Pero pocos han sabido como él, defender el arte de Cúchares o, al menos, lo ha intentado. Hace un año José Miguel Arroyo viajó a Barcelona para ser uno de los ponentes en el Parlamento Catalán en defensa de la Fiesta de los Toros y en 1993 creó una fundación para organizar actividades de promoción de la tauromaquia. En lo taurino, Joselito fue el eslabón que unió el clasicismo de Antoñete con la verdad de José Tomás. Si Chenel revalorizó la Fiesta en los años 80 y llenó los tendidos con jóvenes de la movida madrileña que se quedaron fascinados ante la magia de su muleta, después Joselito movilizó a las masas a golpe de gestas. Fueron sonadas varias de sus encerronas con seis toros en diversas plazas españolas, especialmente las protagonizadas en Madrid. Una de ellas, la del 2 de mayo de 1996, resume gran parte de su tauromaquia. Con el torero de Galapagar, que en su día rechazó la Medalla de las Bellas Artes no sin poca polémica, compartió numerosas tardes. Pero por entonces el gran público no había descubierto a José Tomás, su valor y su verdad, algo que sí vislumbró Arroyo. Corrían los años 90 del siglo pasado. Sin embargo, Joselito, que dice no ser la persona más indicada para valorar su aportación a la Fiesta y a las Bellas Artes como merecedor de la citada medalla, sigue viviendo el presente como ganadero de toros bravos. Y en esos quehaceres continuó trabajando cuando el pasado viernes 8 de abril, sobre las dos y media de la tarde, supo que tenía un trofeo más que exponer en las vitrinas de su casa, y no uno cualquiera: el que reconoce sus bellas artes.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo